VARIAS VERDADES INCÓMODAS.

 

Por Makia Freeman.- Los orquestadores de la estafa de COVID entienden muy bien la psicología humana y han sabido piratear o explotar las debilidades psicológicas de las masas para generar sumisión y obediencia.

En este artículo, enfatizaré 5 experimentos psicológicos que arrojan luz sobre cómo las personas llegan a conformarse, adaptarse al absurdo y obedecer a la autoridad, incluso si va en contra de su código y principios morales personales.

Debemos ser conscientes de estas tendencias dentro de nosotros mismos, si queremos esforzarnos por seguir siendo individuos libres y soberanos.

 

1. Los Experimentos de Conformidad de  Asch

La presión de grupo no es  algo con la que solo los niños o adolescentes tienen que lidiar. El deseo de pertenecer a un grupo, es un impulso humano profundamente arraigado.

Los Experimentos de conformidad de Asch, realizados en 1951, fueron en realidad un conjunto de experimentos psicosociales, desarrollados para determinar el grado en el que las personas ajustan su comportamiento en función de su necesidad de encajar y pertenecer al grupo, pero sin querer destacar del mismo.

Solomon Asch les dijo a los participantes que era un experimento sobre la percepción visual.

Primero les pidió a cada uno de los participantes de manera individual, a solas, que señalaran cual de las 3 líneas de diferentes tamaños que estaban dibujadas en una lámina (X), era la más parecida en longitud de la única línea que aparecía en otra lámina (Y).  El 99% de las personas respondió correctamente.

Luego, puso a cada uno de los participantes, de manera individual, en una habitación con otros sujetos, que eran todos cómplices del experimentador. En ocasiones concretas, los cómplices daban deliberadamente una respuesta incorrecta, queriendo influir en el participante para que diera la misma respuesta incorrecta, negando ante sí mismo y los demás, lo que sus propios ojos o sentidos veían con el fin de adaptarse al grupo.

Asch descubrió que la gente estaba de acuerdo con el grupo (que daba la respuesta incorrecta) el 37% de las veces que se exponía a esta condición, pero por diferentes razones: algunos lo hacían porque pensaban que ellos mismos debían estar equivocadas (cuando tantos otros o “el grupo” tiene una respuesta diferente). Y otros lo hacían porque querían evitar la incomodidad de estar destacando o diferenciarse del grupo. Asch también descubrió que cuando le daba al participante un compañero (es decir, otro participante – no cómplice- que participaba en el mismo experimento), el conformismo descendía del 37% al 5%.

Puedes ver un vídeo del experimento aquí .

El siguiente comentario es un resumen revelador acerca del experimento y de la psicología humana:

“A veces acompañamos al grupo porque lo que dicen nos convence de que tienen razón. A esto se le llama conformidad informativa. Otras veces nos conformamos no porque estemos de acuerdo con la información proporcionada por el grupo, sino porque tenemos miedo de que el grupo nos desapruebe si nos desviamos. A esto se le llama conformidad normativa … La variabilidad de un tipo u otro de asociación y conformidad al grupo muestra que gran parte del poder que tiene el grupo proviene no solo de su número, sino de la unanimidad de su oposición. Cuando se rompe esa unanimidad, el poder del grupo se reduce enormemente”.

2. Los Experimentos de Milgram

El Experimento Milgram, realizado en 1961 y repetido muchas veces, demuestra que se puede engañar a la gente común para que siga órdenes y cometa actos horribles si creen que las órdenes provienen de una autoridad legítima.

Los resultados muestran que, por lo general, entre el 50% y el 65% de las personas obedecerían a la autoridad incluso si las órdenes recibidas entraran en conflicto con su moral y su conciencia.

El experimento se organizó diciéndoles a los voluntarios participantes que ayudarían a la investigación en averiguar si las personas aprendían o no (y cuánto) a través del castigo.

Para ello leían preguntas (más o menos difíciles) a alguien que estaba en otra habitación, y si esa persona respondía incorrectamente a las cuestiones, debían administrarle ellos mismos una descarga eléctrica, que cada vez más (según avanzaba el experimento) tenía un voltaje mayor.

A medida que avanzaba el experimento, los participantes podían escuchar de manera cada vez más fuertes, los gritos de dolor de la persona de al lado de la habitación que al no responder bien, debían sentir el castigo, haciéndoles creer que se lo estaban causando ellos cuando apretaban un botón que les administraba la descarga eléctrica punitiva por no responder acertadamente (aunque no lo estaban haciendo en realidad, pues la persona en la otra habitación era un actor, cómplice del experimento).

Aunque algunos de los voluntarios claramente se sintieron incómodos y no quisieron seguir obedeciendo las órdenes del experimentador, que vestía una bata blanca y se presentaba a sí mísmo como un científico, éste simplemente les decía que “el experimento requiere que continúes”. Y muchos participantes continuaron hasta el final del experimento, a medida que el voltaje (supuesto) iba subiendo hasta el máximo permitido,  para hacerles creer que no le harían un daño irreparable al cómplice actor de la habitación de al lado, en el caso de llegar hasta el límite final.

Puedes ver un vídeo  del experimento aquí.

Lo siguiente es una narración del propio Stanley Milgram:

“Los resultados, tal como los observé en el laboratorio, son inquietantes. Plantean la posibilidad de que no se puede contar con la naturaleza humana para aislar a los hombres de la brutalidad y el trato inhumano bajo la dirección de autoridades malévolas. Una proporción sustancial de personas hace lo que se les dice que hagan, independientemente del contenido del acto y sin limitaciones de la propia conciencia o moral, siempre que perciban que la orden proviene de una autoridad legítima.

“Si en este estudio, un experimentador anónimo puede llegar a ordenar con éxito a los adultos que sometan a un hombre de 50 años y le apliquen dolorosas descargas eléctricas en contra de sus protestas, uno solo puede preguntarse qué clase de gobierno, podría con su autoridad y prestigio mucho mayores,  controlar y aplicar a sus súbditos determinadas órdenes malévolas ”.

3. Experimento de La Prisión de Stanford.

El Experimento de la prisión de Stanford se llevó a cabo en 1971 y tiene un sitio web dedicado.

A los estudiantes participantes voluntarios del experimento, se les dijo que unos adoptarían los roles de guardias de la prisión y otros de prisioneros, participando en una investigación que estudiaría los efectos psicológicos de la vida humana en la prisión. Se trataba de voluntarios que no tenían ninguna afiliación, amistad o conexión previa entre ellos

Los experimentadores prepararon una prisión simulada y observaron cuidadosamente los efectos en el comportamiento de todos los que entraron dentro de sus muros, tanto guardias como prisioneros. Sorprendentemente, y muy rápidamente, los que desempeñaban el papel de guardias de la prisión cayeron en el sadismo, y los que desempeñaban el papel de prisioneros en la depresión.

El experimento tuvo que detenerse después de 6 días por razones éticas y la preocupación por la salud mental, emocional y física de los participantes:

“Con los ojos vendados y en un estado de leve conmoción por su arresto sorpresa por parte de la policía de la ciudad, nuestros prisioneros fueron metidos en un automóvil y conducidos a la ‘Cárcel del Condado de Stanford’ para su procesamiento policial. Luego, los prisioneros fueron llevados a nuestra cárcel uno por uno y recibidos por el director, quien les transmitió la gravedad de su delito y su nueva condición de prisioneros”.

“Todos los “presos” fueron registrados y desnudados sistemáticamente. Luego los despiojaron con un aerosol, etc.

Los guardias no recibieron ningún entrenamiento específico sobre cómo ser guardias. Pero eran libres de hacer, dentro de ciertos límites, lo que pensaran que era necesario para mantener la ley y el orden en la prisión; y para ganarse el respeto de los prisioneros… En la quinta noche, algunos padres visitantes me pidieron mediante abogado que sacara a su hijo de la cárcel.

“¡Dijeron que un sacerdote católico les había llamado para decirles que deberían buscar un abogado o un defensor público si querían rescatar a su hijo! Llamé al abogado según lo solicitado, y él vino al día siguiente para entrevistar a los prisioneros con un conjunto estándar de preguntas legales, aunque él también sabía que era solo un experimento”.

“En este punto quedó claro que teníamos que finalizar el estudio. Habíamos creado una situación abrumadoramente poderosa, una situación en la que los prisioneros se retiraban y se comportaban de manera patológica, y en la que algunos de los guardias se comportaban de manera sádica. Incluso los “buenos” guardias se sintieron impotentes para intervenir… Terminé el estudio prematuramente por dos razones”.

“Primero, nos enteramos a través de cintas de video, que los guardias estaban intensificando el abuso de los prisioneros en medio de la noche cuando pensaban que ningún investigador estaba mirando y que el experimento estaba “apagado”. Su aburrimiento los había llevado a abusos cada vez más pornográficos y degradantes hacia los prisioneros”.

“En segundo lugar, Christina Maslach, una reciente doctora de Stanford,  a quien le pedimos llevar a cabo entrevistas con los guardias y los prisioneros, se opuso fuertemente cuando vio a nuestros prisioneros eran llevados al baño, con bolsas de plástico en la cabeza, las piernas encadenadas y las manos en los hombros. Llena de indignación, dijo: “¡Es terrible lo que les están haciendo a estos chicos!” De 50 o más personas ajenas al experimento que habían visto nuestra prisión, ella fue la única que cuestionó su moralidad”.

Puedes ver un vídeo del experimento aquí .

Los dos siguientes son síndromes, no experimentos, pero explican con más detalle otros aspectos  o características importantes del comportamiento humano.

 

4. Síndrome de Estocolmo

El término síndrome de Estocolmo fue utilizado por primera vez en los medios de comunicación social en 1973, cuando 4 personas fueron tomados como rehenes durante un robo a un banco en Estocolmo, Suecia.

Después de ser liberados, los rehenes defendieron a sus captores y no aceptaron testificar contra ellos en el tribunal que juzgó a los ladrones, pues habían desarrollado una conexión y una afinidad psicológica y emocional muy elevada hacia sus captores.

El síndrome de Estocolmo se define así como una condición en la que los rehenes desarrollan un vínculo psicológico muy positivo con sus captores durante el cautiverio.

Wikipedia cita en esta investigación del libro Síndrome de Estocolmo, de CS Sundaram,  los componentes clave que caracterizan a este síndrome:

  • -El desarrollo de sentimientos positivos de un rehén hacia el captor, sin relación previa entre rehén y captor.
  • -Negativa de los rehenes a cooperar con las fuerzas policiales y otras autoridades gubernamentales para acusar al captor.
  • -La creencia del rehén en la humanidad del captor, dejando de percibirlo como una amenaza, cuando la víctima tiene los mismos valores que el agresor.

Incluso antes del advenimiento de la estafa COVID, creo que el mundo sufría el síndrome de Estocolmo social, es decir, un trastorno social en el que los ciudadanos aprecian y defienden a sus líderes políticos aunque los explotan y mienten constantemente de manera activa.

 

5. Síndrome de Munchausen por Poder

El síndrome de Munchausen se describió por primera vez en 1951, en relación a un grupo de pacientes que inventaron historias sobre sus supuestas enfermedades y convencieron a los médicos para que les realizaran procedimientos quirúrgicos innecesarios. La teoría es que estas personas estaban haciendo esto inconscientemente porque ansiaban atención o cuidado.

El síndrome de Munchausen por poder es una variación de este síndrome que contiene una diferencia clave. Es una forma específica de abuso infantil descrita por primera vez en 1977 que describe situaciones en las que los padres o cuidadores, casi siempre la madre, inventan historias de enfermedades sobre sus hijos e intentan fundamentar las historias fabricando síntomas y signos físicos.

Por lo general, las familias o los cuidadores llevan al niño al hospital con síntomas que no se pueden explicar fácilmente mediante métodos fisiológicos, y estos síntomas ocurren solo cuando el niño está con los padres.

 

Los Patrones Subyacentes

Ahora que conoce estos 5 experimentos y síndromes, ¿puede ver cómo encajan en la falsa pandemia del COVID y cómo explican al menos parcialmente todo el comportamiento social y de trance ante este plan COVID?

Piense en todo el conformismo que ha sucedido, ya que la gente en muchos lugares todavía sigue usando obedientemente sus máscaras, recibiendo su vacuna falsa y castigando a aquellos que no siguen todas las reglas ridículas, ilegales e ilógicas del COVID.

Piense en todos aquellos que fueron influenciados para recibir la inyección  para cumplir con las expectativas de su cónyuge, pareja, familia o amigos.

Piense en toda la obediencia ciega y la falta de pensamiento crítico que ha sucedido, cuando los engaños de los batas blancas como el Dr. Anthony  Fauci instruyeron a las masas diciéndoles que debían “seguir a la ciencia” y que si no le creían, irían en contra de la ciencia misma.

Piense en toda la brutalidad sádica y  mano dura que los policías, especialmente en lugares como Australia, usan contra los que se atreven a protestar pacíficamente, o a caminar sin mascarilla fuera de su casa durante unas horas.

Piense en cómo esos policías disfrutaron de la oportunidad de convertirse en guardias de la prisión mientras el resto de la ciudadanía era relegada a la condición de prisionero.

Piense en todo el apoyo y elogios que los líderes, ya sean políticos o científicos, han recibido durante los últimos 20 meses, mientras se han involucrado activamente en la violación de derechos humanos fundamentales e inherentes a la dignidad humana, como el derecho al trabajo, al comercio, a viajar y respirar aire de manera libre e irrestricta, sin olvidar los derechos a la libertad médica y a la autonomía corporal.

Finalmente, piense en la naturaleza psicopática de los Estados y gobiernos que han inventado una pandemia y una emergencia para convertir a la ciudadanía en pacientes que deben ser “cuidados”, incluso cuando la mayoría nunca quiso esa atención y aún cuando esa “Cuidado” es en realidad un daño grave.

 

Pensamientos finales

En muchos sentidos, la Operación Coronavirus es una operación psicológica.

Funciona aprovechando el miedo para inducir la conformidad, la docilidad, la obediencia y una confianza ciega en la autoridad. Funciona, como dijeron Huxley y Orwell de diferente manera, al intentar hacer que ames tu servidumbre y a tu captor-abusador. Funciona intentando hacerte dudar de tu propia cordura y capacidad para evaluar tu propio estado de salud.

Aunque es vital exponer las numerosas falacias médicas y científicas de la narrativa oficial del COVID (y hay muchas), como yo y otros hemos estado haciendo diligentemente desde el principio, les sugiero que sean aún más críticos y traten de comprender a los poderosos y la manipulación psicológica que ha tenido lugar.

 

Debemos hacer esto para liberarnos de la propaganda del trance de COVID y reclamar nuestra soberanía.

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