ORACIÓN MENTAL.

Los dos últimos años nos ha dejado muchas cosas, y entre ellas a un ex-monje hinduista convertido en un autor best-seller gracias a un libro con un título provocador y directo: “Piensa como un monje: Entrena tu mente para la paz interior y consigue una vida plena”, convertido en un éxito empujado por la ansiedad del hombre moderno enfrentado a una pandemia inesperada.

Ya sabemos que ni los metaversos ni las inteligencias artificiales ni los bitcoins pueden satisfacer la sed del hombre por la trascendencia infinita, y embobado por la posibilidad de la muerte, no hace más que buscar la ultima tendencia para satisfacer su ansia. En este caso, ha “descubierto” la meditación de corte oriental como “respuesta a todos sus anhelos”.

Este libro, como miles de otros más publicados en los últimos años, no hace más que aprovecharse de la ignorancia del hombre moderno sobre las cosas espirituales para tratar -fútilmente- de saciar su sed con autoafirmaciones superficiales y a la larga inútiles, basadas en psicología barata de autoayudas inventadas.

Su búsqueda será inútil porque no se dirige a Dios, el único que puede satisfacer todos nuestros deseos y verdaderamente hacer plena nuestra existencia.  El católico moderno también ha caído en la trampa, y quizás su ingenuidad es todavía más culpable porque está buscando en tierras lejanas los frutos de su terruño natal.

En efecto, una de las principales debilidades que parecen tener la mayor parte de los católicos de hoy, es la de una profunda vida espiritual basada en la oración mental, nuestra forma original de meditación.

La oración mental es la forma de oración que nos enseñan los santos y que prácticamente ha sido hoy abandonada en la Iglesia, ya sea por desconocimiento, ya sea por pereza, ya sea por acción del demonio. Ya lo decía la Santa de Ávila, nuestra verdadera maestra de oración:

«El alma que abandona la oración mental, no necesita del demonio para condenarse, sino que ella se pone con sus propias manos en el infierno».

Hoy en día nos dedicamos mucho tiempo en quejarnos sobre el estado del mundo y de la Iglesia, sin caer en cuenta que el mundo y la Iglesia están como están por falta de oración, no hace falta buscar causas más profundas o complicadas.

El hombre, el católico de hoy no ora, y si lo hace, lo hace mal, ya lo decía la misma santa:

«Una oración en la que una persona no se da cuenta a quién le está hablando, qué está pidiendo, quién es el que pregunta y de quién, no lo llamo oración por mucho que se muevan los labios».

San Alfonso llegaba a enseñar que «es moralmente imposible para quien descuida la meditación vivir sin pecado». Incluso dice que la oración mental es más eficaz que otras prácticas de devoción privadas por su incompatibilidad con el pecado. La razón de esto, dijo, es que aquellos en pecado mortal pueden perseverar en estas otras prácticas, pero nadie puede continuar la práctica de la oración mental en el estado de pecado mortal. Se arrepentirá o dejará de practicar la oración mental.

Tal es la importancia que se da a la oración mental, que es incomprensible que esta práctica no esté más generalizada entre los fieles, sedientos de una espiritualidad profunda y verdaderamente católica que les haga meditar los misterios de nuestra religión en la escuela de los santos, creciendo en la práctica de las virtudes y alcanzando así una mayor unión con Dios.

Es una lástima que haya tantos best-sellers dedicados a la “meditación” y tan pocos libros católicos dedicados a la oración mental, y después nos preguntamos por qué estamos como estamos.

Dos libros disponibles hoy, dedicados a la oración mental, y recomendados para iniciarnos en esta santa práctica son:

Tratado de la Oración y Meditación. De san Pedro de Alcántara.