LA EXISTENCIA.

“Antes que naciesen los montes o fuera engendrado el orbe de la tierra, desde siempre y por siempre tú eres Dios.”

Si no entendemos para qué vivimos y porqué existimos, nuestras vidas no tienen sentido y significado. Ni propósito noble por lo que luchar. Si creemos que vivimos para disfrutar de la Vida, mientras esta nos viene dada gratis cada día, y cumplir nuestros sueños y deseos más profundos… tampoco entendemos la Verdad de nuestra existencia.

“Tú reduces el hombre a polvo, diciendo: “Retornad, hijos de Adán“. Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó; una vela nocturna.”

Como decía Albert Einstein “Dios no juega a los dados”. Ni a juego alguno… Pues la vida de cada hombre y mujer, niño o anciano, es un regalo precioso que Dios nos ha dado. Con un propósito y una intención inequívoca: vivir en la felicidad que es el Amor, perpetuamente.

Sin embargo, solo vemos que…”los siembras año por año, como hierba que se renueva: que florece y se renueva por la mañana y por la tarde la siegan y se seca”. ¿Dónde está pues esa felicidad eterna que nuestro ser más profundo anhela en lo oculto del alma que no podemos ver? Todos morimos. Y todos, sabiendo que algún día dejaremos de existir, ya no buscamos la felicidad eterna en el Amor. Nuestras pequeñas vidas, con todas sus decepciones y mentiras vividas, aparece contradictoria, absurda y muy difícil de soportar a menudo.

El Pueblo de Israel y el escriba de estos pasajes del salmo 90, recitan lo mismo que millones de seres humanos vivimos hoy a diario en nuestras pequeñas historias particulares.

Pero cuando celebremos las fiestas de Pascua (el paso o camino del calvario a la pasión de Jesús), deberíamos recordar el significado que este acontecimiento tiene para la vida de todos los hombres que han existido y existirán en el Mundo. Cuando uno de los ladrones crucificados junto a él le dice “Acuérdate de mi cuando vengas en tu Reino”, Jesús le responde; “De cierto te digo, que hoy estarás conmigo en el Paraíso”.

A esto vino el mismo Dios a la tierra, en su persona como Hijo: a entregarnos y testificarnos con la resurrección de Jesús, que la puerta a la Felicidad en el Amor verdadero, mediante el perdón -de manera perpetua-, se había abierto de nuevo en el Cielo para quien espera en Él, confía, cree y vive según sus deseos, no los nuestros, hasta el último día de su vida.

Esto es la Existencia.

No el vivir una miserable vida con mascarillas dobles en la boca por el miedo a morir. O para cumplir con el mandamiento comunista del “bien común”, que nos vocean a diario desde los púlpitos telediarios de los ricos y famosos, de inyectarnos un producto genético experimental. Y lo peor, haciéndonos creer que es “caridad” y voluntad misma de Dios, según los Caifás y Anás que gobiernan hoy la Iglesia Católica.

No es vivir con miedo. Si no al contrario, deseando incluso morir para estar en el Paraíso con nuestro Padre y Señor Jesús, cuando Él lo estime oportuno y adecuado. No deseando morir para dejar de sufrir (aunque también), sino principalmente para vivir y amar en la felicidad perpetua.

Hoy en día la mayoría de la población occidental proveniente de la cultura y tradición judeo-cristiana, no cree en Dios. Y es por esto, como decía Chesterton, que creemos en cualquier cosa. Especialmente y de manera hipnótica en todo lo que nos dice la Tele (y los massmedia), esos grandes ídolos que nos presentan las imágenes, palabras y profecías que los nuevos sacerdotes de este siglo, los “científicos” y “expertos” pagados por el Sanedrín moderno de la élite mundial, nos vocean y susurran todos los días , a la mismas horas.

“Despierta, oh tú, que duermes en la muerte”.

Seiralonte

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