Formación de masas: La ciencia aplicada a la ingeniería social.

Dr. Joseph Mercola. 29 de noviembre de 2021.

En 1938, la tecnocracia se definió a sí misma como “la ciencia de la ingeniería social”. Este profesor de psicología clínica en Bélgica ha revelado los cuatro elementos clave de la “formación de masas” que hacen que la gente se desconecte de la realidad.

El Gran Pánico de 2020-2022 muestra que los cuatro se han hecho realidad con resultados predecibles.

• La principal condición para que se produzca la formación de masas es la falta de vínculos sociales. En otras palabras, el aislamiento social a escala masiva, que es precisamente de lo que se trataba con los confinamientos. Pero incluso antes de la pandemia, el aislamiento social estaba en un máximo histórico

• La segunda condición es que la mayoría de la gente experimente la vida como algo sin sentido y sin propósito.

• La tercera condición es la ansiedad generalizada y el descontento reinante. Se trata de un descontento y una ansiedad que no tienen causas aparentes o claras.

• La cuarta condición es la frustración y la agresión flotantes, que tienden a darse naturalmente después de las tres anteriores. También en este caso, la frustración y la agresividad no tienen una causa aparente. Una vez que estas cuatro condiciones se generalizan, puede producirse la formación de masas, hecho que permite que el totalitarismo surja y prospere.

Una estrategia clave para contrarrestar la formación de masas y evitar el totalitarismo es que los disidentes se unan como un gran grupo, dando así a los indecisos que aún no están totalmente hipnotizados una alternativa a seguir frente a los totalitarios.

Otra estrategia es denunciar abiertamente el régimen totalitario, ya que así se limitan las atrocidades En este vídeo https://www.youtube.com/watch?v=IqPJiM5Ir3A, Mattias Desmet, profesor de psicología clínica de la Universidad de Gante (Bélgica), repasa las condiciones sociales que permiten que una población acabe sacrificando voluntariamente su libertad.

Desmet, que también tiene un máster en estadística, descubrió peculiares anomalías en los análisis estadísticos realizados durante la pandemia de COVID, lo que le hizo darse cuenta de que nuestra sociedad global está empezando a entrar en un estado de “formación de masas”, un tipo de “hipnosis colectiva” necesaria para el surgimiento de un régimen totalitario.

En esta entrevista del podcast de Aubrey Marcus, Desmet repasa paso a paso la fórmula que da lugar a esta hipnosis colectiva, y cómo esta fórmula se ha desplegado sobre la población mundial en los últimos dos años. No hace falta decir que nos advierte sobre la conveniencia de seguir por este camino, y sugiere soluciones que podemos adoptar, tanto a nivel individual como colectivo, para evitar la pérdida de libertad que seguramente se producirá si no hacemos nada.

Hacia finales de febrero de 2020, Desmet empezó a examinar las tasas de mortalidad y otras estadísticas, y rápidamente se dio cuenta de que había algo muy erróneo en los modelos presentados al público, y utilizados como justificación para cerrar los negocios “no esenciales”, y ordenar a todo el mundo que se quedara en casa.

Los modelos estaban exagerando enormemente la amenaza del SARS-CoV-2, y a finales de mayo de 2020, esto quedó “demostrado sin lugar a dudas”. Por ejemplo, el Imperial College de Londres predijo que si Suecia no se confinaba, a finales de mayo de 2020 habrían muerto 80.000 personas. Pues bien, Suecia optó por no bloquear, y a finales de mayo sólo habían muerto 6.000 personas con diagnóstico de COVID-19.

Lo más extraño de todo, dice Desmet, fue que todo el mundo seguía diciendo que las contramedidas contra el coronavirus se basaban en modelos matemáticos y en la ciencia, y sin embargo ” cuando se demostró sin lugar a dudas que los modelos iniciales estaban completamente equivocados, las medidas continuaron, como si nada estuviera mal y los modelos fueran correctos “.

Está claro, pues, que la modelización y la ciencia no eran fundamentales, ni siquiera formaban parte de la ecuación. Esto, dice Desmet, ” fue una fuerte señal de que estaba pasando algo a nivel psicológico que era realmente poderoso”.

Otro indicio de que algo estaba realmente fallando era el hecho de que ninguno de nuestros líderes políticos tenía en cuenta los daños colaterales de sus contramedidas. No había un análisis de coste-beneficio/riesgo-recompensa para ninguna de las contramedidas.

La Organización Mundial de la Salud sí advirtió que las medidas podrían provocar un exceso de muertes por inanición. Sin embargo, en ningún momento vimos un modelo matemático que tuviera en cuenta las dos caras de la moneda: el número de muertos por el [supuesto] virus y los daños colaterales de las contramedidas. Y sin ese análisis, no podíamos evaluar si las contramedidas podían ser más dañinas que el [supuesto] virus.

Siempre que se plantea una medida de salud pública, es esencial realizar un análisis de costes y beneficios. Sin él no se puede tomar una decisión sensata. Sin embargo, en este caso se ignoraron estos aspectos básicos, como si los daños colaterales fueran intrascendentes.

Las cuatro condiciones básicas para la “formación de masas”

¿Qué dinámica y procesos psicológicos pueden ser responsables de esta aparente ceguera? Al cabo de un par de meses, Desmet se dio cuenta por fin de lo que ocurría. La sociedad estaba (y sigue estando) bajo el hechizo de una hipnosis de masas, un proceso psicológico conocido como “formación de masas” que surge en la sociedad cuando se cumplen determinadas condiciones.

La principal condición es la falta de vínculos sociales. En otras palabras, el aislamiento social a escala masiva, que es precisamente de lo que se trataba con los confinamientos. A todos se nos dijo que cualquier contacto con otros, incluidos los miembros de nuestra propia familia, podía ser una sentencia de muerte.

He oído de personas que durante más de un año no se han relacionado con nadie, permaneciendo encerradas en sus casas todo el tiempo, por miedo al contagio. Pero el aislamiento social era un problema generalizado incluso antes de la pandemia. Marcus cita una encuesta según la cual el 25% de los encuestados no tenía ni un solo amigo íntimo. Es más, el grupo de edad más solitario era el de los adultos jóvenes, no el de los mayores, como se suele sospechar.

Así que, incluso antes de la pandemia, las sociedades occidentales sufrían ya de una falta de comunidad, que es una condición fundamental para que aflore de entrada el síndrome de “formación de masas”.

La segunda condición es que la mayoría de las personas experimenten la vida como algo sin sentido y sin propósito. Desmet cita una investigación que muestra que la mitad de los adultos sienten que sus trabajos carecen completamente de sentido, y no aportan ningún valor ni a ellos mismos ni a los demás. En otra encuesta, realizada en 2012, el 63% de los encuestados dijeron que durante su jornada laboral eran “sonámbulos”, sin poner ninguna pasión en su trabajo.Así pues, la condición nº 2 para la hipnosis de formación de masas también se cumplía ya, antes incluso de que se produjera la pandemia.

La tercera condición es la ansiedad reinante generalizada y el descontento predominante. La ansiedad reinante se refiere a la ansiedad que no tiene una causa aparente o clara. Si estás en la selva y te encuentras perseguido por un león, tu miedo y ansiedad tienen una causa natural y fácilmente identificable: el león. Sin embargo, cuando estás desconectado socialmente, y sientes que tu vida no tiene sentido, puede surgir una ansiedad flotante que no está conectada a ninguna representación mental o física de una amenaza específica.

A juzgar por la popularidad de los antidepresivos y otros fármacos psiquiátricos, la condición nº 3 también se cumplía mucho antes de la pandemia.

La cuarta condición es la frustración y la agresividad imperantes, que tienden a seguir naturalmente a las tres anteriores. También en este caso, la frustración y la agresividad no tienen ninguna causa discernible. Cuando se cumplen las condiciones, surge la formación de masas.

Cuando se cumplen estas cuatro condiciones por parte de una porción suficientemente grande de la sociedad, ésta se encuentra ‘madura’ para la hipnosis de formación de masas. Todo lo que se necesita ahora es una historia en la que se identifique y explique el origen o la causa de la ansiedad y, al mismo tiempo, se ofrezca una estrategia para abordar y neutralizar esa causa.

Al aceptar y participar en esa estrategia, las personas con ansiedad flotante se sienten equipadas, por fin, con los medios para controlar su ansiedad y evitar el pánico. Sienten que vuelven a estar ‘al mando’. Curiosamente, cuando esto sucede las personas también se sienten repentinamente reconectadas con los demás, porque todos han identificado la misma némesis.

Así, se unen en una lucha heroica contra la representación mental de su ansiedad. Esta nueva solidaridad también da un nuevo sentido y propósito a sus vidas. En conjunto, esta conexión, aunque se basa en una premisa falsa, actúa para reforzar la desconexión psicológica de la realidad.

Explica porqué tantos se han creído una narrativa claramente ilógica, y porqué están dispuestos a participar en la estrategia prescrita, “aunque sea totalmente absurda”, dice Desmet. “La razón por la que se tragan la narrativa es porque conduce a este nuevo vínculo social”, explica. “La ciencia, la lógica y la corrección no tienen nada que ver con ello. A través del proceso de formación de masas, pasan de la condición muy dolorosa del aislamiento social al estado opuesto de máxima conexión que existe en una multitud o una masa. Eso en sí mismo conduce a una especie de intoxicación mental, que es la verdadera razón por la que la gente se adhiere a la narrativa, por la que la gente está dispuesta a seguir la narrativa, incluso si, como hemos dicho, es totalmente errónea, e incluso si pierden todo lo que para ellos es importante, personalmente”.

Estas pérdidas pueden incluir su salud mental y física, sus hogares, sus medios de vida y su bienestar material. Nada de eso importa cuando se está bajo el hechizo hipnótico de la formación de masas. Y éste, dice Desmet, es uno de los aspectos más problemáticos de este fenómeno psicológico. Las masas se vuelven autodestructivas por su enfoque miope.

Formación de masas en el siglo XIX

Gustave Le Bon, psicólogo social francés, famoso por su estudio de las multitudes, dijo una vez: “Las masas nunca han estado sedientas de la verdad. Se apartan de la evidencia que no es de su gusto, prefiriendo deificar el error, si el error les seduce. Quien puede suministrarles ilusiones es fácilmente su amo; quien intenta destruir sus ilusiones es siempre su víctima”.

El libro de Le Bon, “Las multitudes: Un estudio de la mente popular” profundiza en las características de las multitudes humanas y en cómo, cuando se reúnen en grupos, las personas tienden a renunciar a la deliberación consciente en favor de la acción inconsciente de la multitud.

Advirtió que si la sociedad no prestaba atención, y evitaba el aislamiento social y la idea antirreligiosa de que la vida no tiene propósito, acabaríamos en un estado en el que la formación de masas se convertiría en la norma. Estas personas, psicológicamente dañadas, tomarían el control, que es precisamente lo que ocurrió.

Un ejemplo clave es el régimen nazi. Desmet señala que, aunque solemos pensar que las dictaduras surgen del uso de la fuerza bruta y del miedo, el régimen nazi ―y el liderazgo al que nos enfrentamos ahora― llegó al poder gracias a este profundo fenómeno psicológico conocido como formación de masas.

La gente participó voluntariamente en las atrocidades nazis, no porque temieran a su líder sino debido al estado psicológico en el que se encontraba la sociedad, el fenómeno de la formación de masas.

Diferencia básica entre dictadura y totalitarismo

Por lo tanto, es importante darse cuenta de que las dictaduras clásicas y el totalitarismo surgen por causas diferentes. Por regla general, en una dictadura clásica, el dictador se vuelve más suave y menos agresivo una vez que las voces disidentes, su oposición, son silenciadas. Una vez que se ha hecho con todo el poder, ya no necesita ser agresivo y puede recurrir a otros medios para mantener el control.

En un estado totalitario ocurre exactamente lo contrario. Es crucial que entendamos esto, porque en una sociedad totalitaria, una vez que la oposición es silenciada, es cuando el estado comete sus mayores y más crueles atrocidades. Un ejemplo de ello es el plan de purificación de Stalin en los años 30, que provocó la muerte de unos 80 millones de personas en una sola década.

A mediados de los años 30 es también cuando el régimen nazi comenzó su limpieza demencial, que dio lugar al Holocausto. Ambas cosas ocurrieron después de haber apagado las voces opositoras.

Nos encontramos en otro momento clave de la historia, en el que la oposición a la locura pandémica está siendo silenciada. Si queremos que la humanidad sobreviva y no sucumba al totalitarismo global, debemos seguir hablando en contra, porque cuando dejemos de hacerlo, ESE es el momento en que comenzarán las verdaderas atrocidades.

En otras palabras, aún no hemos visto nada. Lo peor está por venir- si nos callamos. Aquí hay otro punto importante. Los totalitarios no dejan de cometer atrocidades una vez que la oposición es vencida. Simplemente se expanden para abarcar a nuevos grupos.

Desmet cuenta cómo Stalin cambiaba de un chivo expiatorio a otro, ―ya que se quedaba sin grupos a los que culpar―, y los hacía matar. Finalmente, acabó asesinando a la mitad de los miembros de su Partido Comunista, aunque la mayoría no había hecho nada malo, y le eran leales. Eso es algo en lo que, en nuestra situación actual, hemos de reflexionar.

Ahora mismo, los “anti-vacunas” son la oposición que el régimen totalitario busca destruir. Una vez que no haya más “anti-vacunas”, porque digamos, teóricamente, todo el mundo esté ya vacunado, la oposición a eliminar se convertirá en algún otro grupo.

Así que, si ahora mismo estás “vacunado” y al día con todos tus refuerzos, y estás alentando la cruzada contra los que no quieren la vacuna, debes saber que es sólo cuestión de tiempo que te toque a ti ser la próxima víctima de ‘algo’.

El trágico final que espera a todas las sociedades de formación de masas En cierto sentido, el destino de quienes sucumben a la formación de masas, y abrazan el totalitarismo es especialmente trágico por otra cosa curiosa que ocurre.

Las personas bajo su hechizo a menudo acaban aceptando que merecen morir y van voluntariamente a la muerte. Esto, dice Desmet, es lo que ocurrió con muchos de los miembros del partido de Stalin, que fueron condenados a muerte sin razón aparente.

Como señala Marcus, esto es básicamente ‘mentecidio’, el asesinato de la mente. El proceso psicológico del ‘mentecidio’ degrada tanto las facultades mentales que el pensamiento racional ya no resulta posible, haciéndote profundamente crédulo. En este estado, aceptarás cualquier narrativa sin pensamiento crítico. Además, la formación de masas siempre acaba creando más de las condiciones que en primer lugar permitieron su aparición. Así que, al final, las personas que están bajo la hipnosis de formación de masas sentirán un mayor aislamiento social que nunca, menos significado y propósito en la vida, y más ansiedad y agresión flotante que antes.

La formación de masas también hace desaparecer la individualidad. El grupo se convierte en algo importante y el individuo en algo intrascendente. De ahí que sea aceptable y agradable que te digan que tú, tus padres o tus hijos merecen o necesitan morir para mejorar la sociedad. “En esencia, todo el mundo se vuelve igual de estúpido”, dice Desmet. “No importa lo listos o inteligentes que fueran antes. Pierden toda la capacidad de pensamiento crítico, pierden todas las características individuales”.

Aplicado a la actualidad, esto es escandalosamente relevante. Ayuda a explicar cómo y porqué los padres están dispuestos a hacer cola para que sus hijos reciban una inyección experimental que puede incapacitarlos o matarlos. “El totalitarismo es un monstruo que SIEMPRE devora a sus propios hijos”, dice Desmet.

Formación de masas en acción

Otro punto importante es que,  normalmente, sólo el 30% de las personas en una sociedad totalitaria están realmente bajo el hechizo hipnótico de la formación de masas. Parecen más numerosos, pero en realidad son una minoría.

Sin embargo, suele haber otro 40% que simplemente sigue el programa, aunque no esté convencido. No quieren sobresalir por ir en contra de la corriente imperante. El 30% restante no está hipnotizado, y quiere despertar a los demás.

Los llamados experimentos de Ash2 demostraron claramente que muy pocas personas,―sólo un 25%―, están dispuestas a ir en contra de la multitud, sin importar lo absurda y obviamente equivocada que sea la opinión de la multitud. Dos tercios de las personas están dispuestas a seguir la “idiocracia”.

Una y otra vez, los eventos de formación de masas y los experimentos nos demuestran que hay tres grupos de personas:

• los que se quedan embobados y realmente creen que la respuesta errónea es la correcta;

• los que saben que la respuesta es errónea, pero no se atreven a decir la verdad, así que se muestran de acuerdo con lo que saben que es falso; y

• los que saben que la respuesta es errónea y lo dicen.

Cómo romper la formación de masas

Todo esto apunta a cuál es la respuesta. Según Desmet, lo que tienen que hacer los disidentes es unirse para formar un gran grupo. De este modo, el grupo más numeroso, el del 40%, los vacilantes que sólo siguen el programa porque temen ser condenados al ostracismo, dispondrá de una plataforma de unión social alternativa.

Es probable que la mayoría de ellos se unan al grupo antitotalitario disidente en lugar de seguir la mentalidad totalitaria con la que no están totalmente de acuerdo. En ese momento, la formación de las masas fracasa. El estado totalitario está finiquitado porque los indecisos neutrales, que permitieron que la formación de masas arraigara y creciera, ahora ya no participan en ese proceso. Y sin formación de masas, una toma de posesión totalitaria no puede tener éxito.

En segundo lugar, debemos seguir pronunciándonos, CLARAMENTE. Hablar sin tapujos puede ayudar a minimizar el número de personas que son hipnotizadas. También puede despertar a algunos que ya están bajo el hechizo de la formación de masas. Según Desmet, se ha demostrado que el hecho de denunciarlo limita las atrocidades cometidas. “En mi opinión, callar no es una opción”, dice. “Hablar es lo más importante que podemos hacer”. No es fácil.

Como comentan Marcus y Desmet, el régimen totalitario tiene la ventaja de poder controlar la narrativa a través de unos medios de comunicación centralizados. No es de extrañar que los medios de comunicación sean una herramienta clave para el éxito de la formación de masas.  https://psicologiaymente.com/social/experimento-conformidad-asch

Un tercer elemento de acción es la creación de estructuras paralelas. El poder de esta estrategia lo demostró Vaclav Havel, un disidente político que acabó convirtiéndose en presidente de Checoslovaquia. Una estructura paralela es cualquier tipo de negocio, organización, tecnología, movimiento o actividad creativa que tiene cabida dentro de una sociedad totalitaria mientras está moralmente fuera de ella.

Una vez creadas suficientes estructuras paralelas, nace una cultura paralela que funciona como un santuario de sensatez dentro del mundo totalitario. Havel explica esta estrategia en su libro “El poder de los impotentes”. Como señala Desmet, al final el totalitarismo siempre se autodestruye. Los fundamentos psicológicos son tan autodestructivos que el sistema se desmorona. Esa es la buena noticia. La mala noticia es que un sistema totalitario puede sobrevivir durante largos periodos de tiempo antes de agotarse, y al final suele haber pocos supervivientes.

Dicho esto, Desmet cree que este nuevo totalitarismo global es más inestable que los sistemas totalitarios regionales dirigidos por dictadores, por lo que puede autodestruirse más rápidamente. Por tanto, la clave es sobrevivir fuera del sistema totalitario mientras esperamos a que se autodestruya. Sin embargo, debemos seguir disintiendo de palabra y de obra, para limitar las atrocidades y mitigar los daños.

En última instancia, y al igual que en la medicina, prevenir el totalitarismo es mucho más fácil que intentar liberarse después. Para ello, tenemos que prevenir las cuatro causas fundamentales de la formación de masas

• el aislamiento social,

• la falta de propósito, en la sociedad:

• el descontento/ansiedad que flota libremente y

• la frustración/agresión que flota libremente.

Ésta será la tarea de los que queden, una vez que este experimento de totalitarismo global fracase y caiga.

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