EL DESTINO SE BURLA DE LOS PROFETAS DEL FALSO CALENTAMIENTO GLOBAL.

Veinte buques se quedan atrapados en el Ártico a causa del aumento del hielo marino, que en los últimos años se ha extendido hasta abarcar un millón de kilómetros cuadrados más que hace una década.

Ya hace dos años el hielo del Ártico atrapó a un buque «ecologista» que intentaba filmar el deshielo. Ahora ha vuelto a ocurrir lo mismo: dos rompehielos rusos están en camino para rescatar a barcos atrapados en el hielo de la Ruta Marítima Septentrional.

Actualmente, una veintena de barcos están varados o tienen dificultades para navegar debido a que las aguas del Mar de Siberia Oriental se han congelado mucho tiempo antes que en los últimos años.

Los rompehielos que acuden en ayuda de estos barcos atrapados en el hielo, son el Yamal, de propulsión nuclear, y el Novorossiisk, de propulsión diesel. Los rusos también han enviado el buque de rescate Spasatel Zaborshchikov. Las duras condiciones del hielo marino han sorprendido a los veinte buques varados  luchando por atravesar las aguas, súbitamente convertidas en un inhabitual desierto helado.

Entre ellos también se encuentran el UHL Vision, que lleva unos días varado en aguas del norte de las Nuevas Islas Siberianas, y los graneleros Golden Suek, Golden Pearl, Nordic Quinngua y el Nordic Nuluujaak, que se encuentran al este del mismo archipiélago. También se encuentran en la zona el petrolero Vladimir Rusanov, así como los cargueros Selenga y el buque finlandés Kumpula.

Mientras tanto, en el puerto de Pevek, hay seis barcos que probablemente también necesitarán ayuda para salir de la zona.

El caso más singular es el del buque alquilado por un grupo de 16 crédulos pseudoecologistas para filmar uno de esos documentales sobre el fin del “santuario del planeta”, que según sus informes se estaría derritiendo a toda velocidad.

Se encontraron justo todo lo contrario a lo que esperaban: al llegar a las Islas Svalbard, a 1.400 kilómetros del polo norte, el buque quedó atrapado por las masas de hielo, en pleno verano, y tuvieron que ser rescatados por un helicóptero, como muestra la fotografía que abre esta entrada.

Rusia está construyendo en Zvezda un gigantesco buque nuclear de clase Lider y otros dos esperan su turno. Son 70.000 toneladas de potencia bruta, con energía nuclear. El empeño de Rusia en desarrollar la tecnología de los rompehielos y el número de buques que tiene en los astilleros para construir carecerían de sentido si el Ártico se estuviera descongelando.

Desde hace décadas los científicos rusos conocen el Ártico mucho mejor que otros. El Servicio Federal de Hidrometeorología y Vigilancia Medioambiental es el principal instituto de investigación sobre el Ártico y el Antártico. Vigila el hielo las 24 horas al día por mar y por aire y publica cartas de hielo periódicamente.

Si se comparan esas cartas unos años con otros, se observa que la extensión del hielo ha crecido desde 2013. En el caso del «hielo antiguo», el que tiene más de dos años, ha aumentado de forma espectacular, cuando se suponía que se estaba derritiendo.

Las profecías sobre el deshielo del Ártico comenzaron en 2007 y, como suele ocurrir, revisten la forma de grandes titulares sensacionalistas, que, sin embargo, en aquel momento no carecían de fundamento, porque desde los años noventa se venía observando una intensa pérdida de hielo, lo cual no significa una tendencia progresiva e irreversible, sino un momento determinado de un movimiento oscilatorio que ahora parece haberse invertido.

El caso es que, como suele ocurrir con todas las doctrinas precipitadas, las tendencias del pasado se proyectaron al futuro, y por eso aquel año la BBC pronosticó que, como consecuencia del calentamiento del planeta, el Ártico se quedaría sin hielo en 2013.

Han pasado ya ocho años, y los augurios de la BBC no se han cumplido.

En 2007 Al Gore, vicepresidente de Estados Unidos, recibió el Premio Nobel de la Paz junto con el IPCC, el organismo de la ONU que vigila el supuesto calentamiento global. No era un premio por su ciencia manipulada, sino por una contribución de ambos a la paz que, a fecha de hoy, desconocemos en qué ha consistido exactamente.

Desde luego, lo que Oslo no podía estar reconociendo es ninguna aportación a la  ciencia, puesto que, el pronóstico formulado por Al Gore al recibir el galardón -que el hielo del Ártico se fundiría “completamente” en 2014- tampoco se ha cumplido. Otra profecía de las muchas que han quedado en agua de borrajas.

En 2012 el periódico francés Le Monde afirmó que “la banquisa ártica podría desaparecer completamente en cuatro años”.

En noviembre del año pasado La Vanguardia volvía a la carga: “El Ártico, un paraíso que se despide del hielo”.

Los años siguen transcurriendo y todas y cada una de las profecías de los medios siguen sin cumplirse.

En 2008 el diario británico The Independent dedicó su portada a anunciar que todo el hielo del Ártico desaparecería en el mes de septiembre de aquel año. Ocurrió todo lo contrario: el hielo comenzó comenzado a recuperar su masa.

Un profesor de la Universidad de Cambridge, Peter Wadhams, jugó a pronosticar el momento exacto en el que el Ártico se derretiría por completo, haciendo el ridículo en diversos medios de comunicación generalistas.

En 2012 aseguró que todo el hielo habría desaparecido en 2016, cuando el hielo del Ártico aumentó en 2013 y en 2014 en un 33 por ciento y Rusia quedó sepultada casi por completo por grandes masas de hielo.

2014 fue el segundo año con más extensión de nieve y hielo en el hemisferio norte desde 1967. Sin embargo, el 22 de abril un editorial del diario vasco Gara sostenía todo lo contrario: “La imagen de la playa de la Concha de Donostia con el paseo anegado no es real, pero podría serlo a finales de este siglo debido a la amenaza, esta sí muy real, a la que está sometido el Ártico”.

En junio de 2016, el profesor Peter Wadhams estaba a punto de publicar un libro titulado “Adiós al hielo”. Las noticias le mencionaban con titulares como “El Ártico estará sin hielo por primera vez en 100.000 años”, pronosticando -una vez más- que para septiembre de aquel año el hielo se habría reducido hasta “un área de menos de un millón de kilómetros cuadrados” y que para 2017 habría desaparecido totalmente.

Lo malo de las profecías es que el tiempo pasa y el 10 de septiembre la masa de hielo era cuatro veces más grande de lo anunciado por Wadhams.

Lo que ha sucedido con el hielo del Ártico, que es una parte muy pequeña del hielo total que hay en el planeta, es sorprendente porque después del año del mayor deshielo, comenzó a recuperarse. El Instituto Danés de Meteorología, que mide diariamente desde 1987 la cantidad de hielo en el Ártico, informó en 2017 de que la masa de hielo aumentaba a una velocidad nunca registrada.

Las informaciones de este año del Instituto danés van en la misma línea: la masa de hielo del Ártico se sigue recuperando.

Junto con los daneses, el Centro de datos sobre la nieve y el hielo ártico de la Universidad de Colorado abrieron una página en internet para mostrar la evolución del hielo del Ártico (y del Antártico) en tiempo real.

El gráfico es muy interesante porque ilustra a primera vista la naturaleza oscilatoria que las masas de hielo comparten con otros fenómenos meteorólógicos y climáticos, siguiendo ciclos de signo contradictorio.

Que un fenómeno de la naturaleza sea oscilante no significa que sea repetitivo y en el caso del Ártico se suporponen varios ciclos diferentes, tanto de pérdida de hielo, como de adquisición.

Para que se produzca un fenómeno oscilatorio, la causa debe ser igualmente oscilatoria. Si cada día hay un poco más de CO2 en la atmósfera y cada día las temperaturas suben un poco, no tiene sentido que la masa de hielo del Ártico crezca en determinados momentos y decrezca en otros.

Tanto en un caso (deshielo) como en el otro (congelación), los fenómenos relativos al hielo son locales, lo cual significa que en unas zonas se produce un fenómeno (deshielo) y en otros el contrario (congelación).

(Fuente: https://mpr21.info/)

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