EL ABSURDO DE LAS MASCARILLAS


Antes de 2020 pensar que había algún beneficio en imponer a los ciudadanos el uso de máscaras quirúrgicas o de tela en su actividad cotidiana era algo, cuando menos, altamente cuestionable.

Esta evidencia fue revisada en detalle por Jeffrey Anderson, ex director de la Oficina de Estadísticas de Justicia, quien señala que:

de los 14 estados que han probado la efectividad de las máscaras para prevenir la transmisión de virus respiratorios, tres sugieren -sin aportar ninguna evidencia estadísticamente significativa de ello- que las máscaras podrían ser útiles. Los otros once sugieren que las mascarillas son inútiles o, incluso, contraproducentes.

En otro artículo que vale la pena leer, el profesor Steve Templeton ofrece una lista de citas de lo que él llama “la era de BP” (Before Politics, antes de que las cosas se volvieran políticas). Cada cita, tomada de uno u otro experto, testifica la falta de evidencia de que el enmascaramiento comunitario funcione contra los patógenos respiratorios.

Por ejemplo, en una revisión sistemática publicada a principios del año pasado, Jingyi Xiao y sus colegas “no encontraron evidencia de que las mascarillas de tipo quirúrgico sean efectivas para reducir la transmisión de gripe confirmada por laboratorio, ya las usen infectados … o personas en general”.

Presumiblemente, esta es la razón por la que, al comienzo de la pandemia de COVID-19, las autoridades de salud tanto en el Reino Unido como en los EE. UU. desaconsejaron el enmascaramiento generalizado

Por ejemplo, el 4 de marzo de 2020, Chris Whitty declaró a Sky News que “usar una máscara si no tienes una infección no reduce el riesgo casi en nada”. Y hasta el 3 de abril, Jonathan Van Tam dijo que “no hay evidencia de que el uso generalizado de mascarillas … afecte la propagación de la enfermedad”.

Asimismo, en un tuit enviado el 27 de febrero, el CDC dijo que “actualmente no recomienda el uso de mascarillas”. Y dos días después, el Cirujano General de EE. UU. instó a las personas a “dejar de comprar mascarillas” porque “no son efectivas” para evitar que el público en general contraiga el Covid.

En una entrevista en video de mayo de 2019, Anthony Fauci se burló de la idea de usar una mascarilla. El entrevistador le pregunta: “¿Cuál es la mejor manera de prevenir una enfermedad infecciosa? … ¿Llevar una máscara?”, a lo que Fauci responde: “No, no no … debes evitar toda sugestión paranoica”.

Sin embargo, para el verano de 2020 las autoridades sanitarias de ambos países habían dado un giro de 180 grados y ahora recomendaban máscaras faciales al público. Posteriormente, estas recomendaciones se convirtieron en mandatos imperativos.

“La ciencia”, en otras palabras, había cambiado. Pero, ¿qué provocó este cambio? La respuesta ingenua sería pensar que surgieron nuevas pruebas que sugieren que el enmascaramiento comunitario funciona contra el SARS-CoV-2. Sin embargo, esta nueva evidencia parece tan inestable, si no más inestable, que la evidencia anterior al Covid.

Sospecho que sucedió algo más. En la primavera de 2020 todos los países occidentales estaban en la misma trayectoria ascendente, y los casos se duplicaban cada pocos días. Mientras tanto, Japón, Corea, Hong Kong y Singapur habían logrado “aplanar la curva” evitando confinamientos draconianos.

Los comentaristas buscaban una explicación, y las “máscaras” parecían buenas. Después de todo, las autoridades sanitarias occidentales habían desaconsejado las máscaras. Sin embargo, muchos asiáticos orientales las habían usado durante años.

Si estaba en las redes sociales en ese momento, probablemente recuerde haber visto una versión de esta tabla, que se volvió viral en numerosas ocasiones:

Olvidando el principio lógico de que “correlación no implica causalidad”, pareciera que las mascarillas son el factor crucial para controlar el Covid. Por supuesto, la posterior imposición de mandatos de máscaras en los países occidentales no previno grandes brotes invernales, lo que más bien socava la teoría de su eficacia.

No obstante, parecía bastante plausible en ese momento. Y comenzaron a aparecer artículos en los principales medios de comunicación que cuestionaban la renuencia de Occidente a usar máscaras faciales. En las redes sociales, los comentaristas preguntaron por qué no deberíamos seguir a los países del este de Asia, dado su mucho mayor éxito en el manejo de la pandemia.

Sospecho que esta presión tuvo más que ver con el cambio radical de las autoridades sanitarias que con cualquier cambio fundamental en la calidad de la evidencia. Fue otro caso de “lógica política”. “Algo se debe hacer; llevar una máscara es algo; por lo tanto, debemos hacerlo”.

En cuestión de semanas, “la ciencia” pasó de “no hacer X” a “hacer X”.

Y, sin embargo, tomó otro año entero para que se publicara el primer análisis riguroso acerca del enmascaramiento comunitario. La teoría que he esbozado es especulativa, por supuesto. Pero no veo qué más puede explicar un cambio tan repentino en los consejos de salud pública.

Noah Carl
(Fuente: https://dailysceptic.org/; traducción: Astillas de Realidad)

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