CRECE LA TENSIÓN MILITAR.



 

El mundo actual se halla bajo la dirección de los Estados Unidos de América y de la OTAN, que ‎se presentan a sí mismos como las únicas potencias globales, olvidando que la Federación Rusa y ‎la República Popular China se han vuelto más poderosas que ellos, tanto en el plano económico ‎como en el campo militar. ‎

El 17 de diciembre de 2021, Moscú hizo público un borrador del Tratado Bilateral que propone a ‎Washington, documento que contiene una serie de garantías fundamentales para la paz [1]. También publicó un borrador del acuerdo que permitiría ‎poner en aplicación el documento anterior [2]. Estos documentos no están dirigidos contra Estados Unidos. Sólo apuntan a hacer ‎que Estados Unidos se atenga al contenido de la Carta de la ONU y que respete sus propios ‎compromisos. ‎

El 23 de diciembre, durante la conferencia de prensa anual del presidente ruso Vladimir Putin, una ‎pregunta de la periodista Diana Magnay, de Sky News, suscitó gran conmoción. El presidente ‎Putin le contestó secamente que las observaciones de Moscú sobre el comportamiento de ‎Estados Unidos datan de 1990 y que Washington no sólo las ignoró sino que además ha ‎persistido desde entonces en ir cada vez más lejos en ese comportamiento. Subrayó ‎seguidamente que en este momento, la OTAN está a punto de desplegar su armamento ‎en Ucrania, lo cual sería inaceptable para Rusia [3]. ‎Es muy importante resaltar que ningún dirigente ruso se había expresado así anteriormente. Y ‎también es importante entender que instalar misiles a 4 minutos de Moscú plantea una amenaza ‎tan extrema que puede llevar a la guerra. ‎

El 30 de diciembre, los presidentes Joe Biden y Vladimir Putin sostuvieron una conversación ‎telefónica. La parte estadounidense emitió ciertas proposiciones para resolver la cuestión ‎ucraniana mientas que la parte rusa dirigió nuevamente la discusión hacia las violaciones de la ‎Carta de la ONU cometidas por Estados Unidos y sobre el hecho que ese país viola ‎constantemente su palabra. ‎

Estados Unidos pretende mostrar su buena fe no incorporando Ucrania a la OTAN. Pero esa manera ‎de abordar la situación responde sólo en parte al problema planteado y ‎no permitiría evitar la guerra si no se acompaña de una retirada militar. ‎

Es evidente que estamos entrando en un periodo de enfrentamiento extremo que se prolongará ‎por años y que puede llevar a una guerra mundial. ‎

En este artículo examinaremos ese conflicto, del cual no se habla en Occidente.

1- LA EXTENSIÓN DE LA OTAN HACIA
LAS FRONTERAS DE RUSIA

Durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos permitió deliberadamente que la ‎Unión Soviética tuviera que cargar con la mayor parte del esfuerzo. En la Segunda Guerra ‎Mundial murieron entre 22 y 27 millones de soviéticos (un 13 o 16% de la población de ‎la URSS) frente a 418 000 muertos estadounidenses (0,32% de la población de Estados Unidos). ‎

Al término de aquella carnicería, Estados Unidos creó una alianza militar en Europa occidental. ‎La URSS respondió con la creación del Pacto de Varsovia. ‎

Rápidamente, la OTAN resultó ser más bien una federación que viola el principio de soberanía de ‎los Estados enunciado en el artículo 2 de la Carta de la ONU [4], algo que varios países del ‎Tercer Mundo denunciaron públicamente en 1955 en la Conferencia de Bandung [5]. En definitiva, la URSS acabó ‎violando también la Carta de la ONU con la adopción de la doctrina Brezhnev, en 1968, y su ‎imposición a los miembros del Pacto de Varsovia. Con la disolución de la URSS, algunos Estados ‎ex soviéticos crearon una nueva alianza militar –el Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC, siglas ‎correspondientes a Organización del Tratado de Seguridad Colectiva)– y decidieron abordarla ‎como una confederación que se atiene al respeto de la Carta de la ONU. ‎

Llegados a este punto es importante aclarar la diferencia entre una “federación” y una ‎‎“confederación”. Por ejemplo, durante la Guerra de Secesión en Estados Unidos, los nordistas ‎formaron una “federación” ya que la autoridad del gobierno central, en Washington, se imponía a todos ‎los Estados. Los Estados del sur, al contrario, formaron una confederación ya que cada Estado ‎seguía siendo soberano. ‎

En 1989, a raíz de la caída del muro de Berlín, los alemanes quisieron reunificar su nación en un ‎solo país. Pero eso significaba extender la OTAN al territorio de la República Democrática ‎Alemana (RDA). Inicialmente, los sovieticos se opusieron. Se planteó entonces una reunificación ‎alemana que mantendría el territorio de la RDA como un espacio neutro. Pero Mijail Gorbatchov acabó aceptando la extensión de la OTAN mediante la ‎reunificación alemana, con la condición de que la OTAN no tratara de extenderse hacia el este. ‎

El canciller de la RFA, Helmut Kohl; su ministro de Exteriores, Hans-Dietrich Genscher; y el ‎entonces presidente de Francia, Francois Mitterrand, apoyaron la posición de Moscú: la OTAN ‎debía comprometerse a no seguir extendiéndose hacia el este. ‎

Del otro lado del Atlántico, el presidente George Bush padre y su secretario de Estado, James ‎Baker, emitieron numerosas declaraciones públicas y aceptaron compromisos en ese sentido ante todos sus ‎interlocutores [6].‎

En cuanto se disolvió la URSS, 3 países neutrales –Austria, Finlandia y Suecia– se convirtieron en ‎miembros de la Unión Europea. La Unión Europea y la OTAN son una sola entidad –la UE es el ‎ala civil y la OTAN es la militar– y las dos tienen su sede en Bruselas. Según el Tratado ‎sobre la Unión Europea, modificado por el Tratado de Lisboa (artículo 42, párrafo 7), la OTAN ‎asume la defensa de la Unión Europea, independientemente de que todos los miembros de la UE ‎sean o no miembros del bloque atlántico. De hecho, aquellos países “neutrales” dejaron de serlo ‎al convertirse en miembros de la Unión Europea. ‎

En 1993, el Consejo Europeo reunido en Copenhague anunció que los países del centro y del este ‎de Europa podrían incorporarse a la Unión Europea. A partir de entonces, los ex miembros del ‎bloque soviético emprendieron el proceso de incorporación a la OTAN, sin más obstáculo que las ‎tradicionales observaciones provenientes de Rusia. ‎

Pero en los años 1990, Rusia era sólo la sombra de sí misma. Sus riquezas fueron sometidas al ‎saqueo de 90 individuos que se dio en llamar los «oligarcas». El nivel de vida de los rusos ‎se derrumbó y su esperanza de vida disminuyó en 20 años. En ese contexto, nadie prestaba ‎atención a lo que decía Moscú. ‎

En 1997, la cumbre de la OTAN reunida en Madrid exhortó los ex miembros del bloque soviético ‎a unirse al Tratado del Atlántico Norte. En 1990, la extensión de la OTAN sobre el territorio de la ‎ex RDA se había pactado con Moscú. Pero cuando la República Checa, Hungría y Polonia ‎se convirtieron en miembros de la OTAN (en 1999), Estados Unidos estaba violando la ‎palabra que había dado a Moscú. ‎

Estados Unidos volvió a romper su promesa en 2004, cuando Bulgaria, Estonia, Letonia, ‎Lituania, Rumania, Eslovaquia y Eslovenia también se convirtieron en miembros de la OTAN. ‎Estados Unidos tampoco respetó su palabra en 2009, así que Albania y Croacia también pasaron ‎a ser miembros de la OTAN. Lo mismo sucedió en 2017, con la incorporación de Montenegro, y ‎en 2020, con Macedonia del Norte. ‎

Ahora resulta que Ucrania y Georgia también podrían convertirse próximamente en miembros de ‎la OTAN mientras que Suecia y Finlandia podrían renunciar a la “neutralidad” –que ya es sólo ‎teórica– para integrarse abiertamente a las filas de la alianza atlántica. ‎

Lo que era inaceptable en 1990 sigue siendo inaceptable hoy en día. Es inconcebible que ‎la OTAN emplace misiles a sólo minutos de vuelo de Moscú. Es la misma situación que ya se vio ‎en 1962. Estados Unidos desplegó misiles a las puertas de la URSS, en Turquía. Los soviéticos ‎respondieron instalando misiles en Cuba, a 90 millas de las costas de Estados Unidos. ‎La administración Kennedy descubrió in extremis la situacion de amenaza que el Pentágono ‎había creado para Estados Unidos. ‎El jefe del Estado Mayor conjunto estadounidense, el general Lyman Lemnitzer, era ‎virulentamente antisoviético y quería desatar una guerra nuclear. Felizmente, el general Mark ‎Milley, quien ocupa actualmente ese cargo, es más inteligente y mantiene relaciones respetuosas ‎con los militares rusos. ‎

2- LAS VIOLACIONES DE LA CARTA DE LA ONU

Cincuenta Estados participaron en la negociación que dio lugar a la Carta de la ONU, durante la ‎Conferencia de San Francisco –en 1945–, incluso antes de que las tropas soviéticas tomaran ‎Berlín, precipitando así la capitulación del Reich nazi. La Carta de la ONU se adoptó por ‎unanimidad. Desde entonces, otros 147 Estados decidieron firmarla, lo cual hace actualmente ‎un total de 197 Estados. ‎

El borrador de Tratado Bilateral Rusia-Estados Unidos que Moscú propuso a Washington el 17 de ‎diciembre de 2021 para garantizar la paz estipula en su artículo 2 que:


«Las Partes velan por que todas las organizaciones internacionales, alianzas militares y ‎coaliciones en las cuales participa al menos una de las Partes se apeguen a los principios ‎enunciados en la Carta de las Naciones Unidas.»‎

Por las razones ya hemos explicado más arriba, eso implicaría la transformación de la OTAN o su ‎disolución. ‎

El borrador propuesto por Rusia también establece, en su artículo 4, que los Estados que fueron ‎miembros de la Unión Soviética no pueden ser miembros de la OTAN. Eso implica que Estonia, ‎Letonia y Lituania tienen que salir de la OTAN y que Ucrania y Georgia no pueden incorporarse a ‎ese bloque militar. ‎

La propuesta rusa establece en su artículo 7 la prohibición de desplegar armas nucleares fuera de ‎las fronteras nacionales. Eso implica la retirada inmediata del armamento atómico ilegalmente ‎almacenado en países como Italia y Alemania, en violación del Tratado de No Proliferación ‎nuclear firmado en 1968. ‎

Además, respetar la Carta de la ONU implica regresar al funcionamiento original de las Naciones ‎Unidas y abandonar las prácticas ilegales que la ONU ha estado implementando desde la ‎disolución de la Unión Soviética. ‎

Poco a poco la ONU no sólo dejó de cumplir los objetivos estipulados en sus estatutos sino que ‎se convirtió incluso en agente al servicio de la aplicación de las decisiones estadounidenses. ‎Por ejemplo, los “Cascos Azules” que alguna vez fueron «fuerzas de interposición» ‎se transformaron, desde la disolución de la URSS, en «fuerzas de mantenimiento de la paz». Eso ‎significa que antes los Cascos Azules intervenían cuando los beligerantes lograban concluir un alto ‎al fuego. Con el consentimiento explícito de las partes, los Cascos Azules de la ONU se ‎interponían entonces entre los beligerantes y velaban por el respeto de los compromisos que las partes ‎habían contraído. Ahora, los Cascos Azules ya no se interesan por el consentimiento de ‎las partes, ni siquiera por la existencia de algún acuerdo entre ellas. En la práctica, durante la ‎veintena de años que duró el debilitamiento de Rusia, el Consejo de Seguridad de la ONU ‎se limitó a avalar las decisiones de Estados Unidos. Los Cascos Azules de la ONU ‎se convirtieron en una fuerza más al servicio del Pentágono. ‎

El ejemplo más evidente fue el caso de Libia. Estados Unidos organizó y financió falsos ‎testimonios ante el Consejo de la ONU para los Derechos Humanos, en Ginebra. Según esos ‎testimonios falsos, el líder libio Muammar el Kadhafi bombardeaba a su propio pueblo [7]. ‎Aquellos “testimonios” fueron transmitidos al Consejo de Seguridad y fue así como ‎Estados Unidos obtuvo la aprobación de la resolución del Consejo que autorizaba la intervención ‎de la OTAN para «proteger a la población» libia frente al «dictador». Seguidamente, la OTAN ‎impidió que los jefes de Estados africanos viajaran a Libia para verificar lo que estaba ‎sucediendo –de hecho, la alianza atlántica amenazó con matarlos a todos. Y luego bombardeó ‎Libia, matando a unas 120 000 personas, miembros de la población que supuestamente iba a ‎‎«proteger». La OTAN acabó dividiendo Libia en 3 territorios e instalando terroristas en el poder ‎en Trípoli [8].‎

En el caso de Siria, la manipulación de la ONU fue aún más lejos. Después de haber ‎encargado a la Liga Árabe‎ la realización de una investigación para verificar si realmente había en Siria una “guerra civil”, la ONU nunca cuestionó la interrupción –sin explicación alguna– de aquella misión. ‎‎¿Por qué? Porque los expertos de los 21 países árabes que participaban en la investigación ‎señalaron en su informe preliminar que las informaciones estadounidenses eran falsas [9]. ‎

Posteriormente, Estados Unidos impuso como segundo del secretario general de la ONU Ban ki-‎Moon, al segundo de la secretaria de Estado Hillary Clinton, el embajador Jeffrey Feltman, quien ‎coordinó –desde la sede de la ONU– todos los aspectos (económico, político y militar) de las ‎operaciones de los miembros de la OTAN en la guerra contra Siria [10]. Años después, a pesar de que Jeffrey Feltman ya no ostenta cargos en ‎la ONU y se dedica a cometer nuevas fechorías en otras latitudes, las agencias de la ONU siguen ‎aplicando las directivas por él redactadas para rendir por hambre al pueblo sirio [11].‎

Lo anterior nos obliga a abordar la cuestión de las agencias de la ONU. Muchas de ellas sirven ‎hoy de pantalla a las fechorías de Estados Unidos. Por ejemplo, en medio de la pandemia de ‎Covid-19 todos han podido observar que las cotizaciones de los Estados miembros representan ‎menos del 20% del presupuesto de la OMS (la Organización Mundial de la Salud), mientras que las ‎donaciones de la fundación de Bill y Melinda Gates constituyen el 10%. Es un hecho que ciertas ‎acciones de la OMS están fuertemente influenciadas por intereses privados. ‎

‎¿Otro ejemplo? El representante permanente de Rusia en el Consejo de Seguridad, Vitali Churkin, ‎reveló en 2012 que el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR) había ‎transportado por barco, desde Libia hacia Turquía, cientos de yihadistas armados para crear el ‎llamado «Ejército Sirio Libre».‎

Pero eso no es todo. Durante la etapa de debilitamiento de Rusia, el Consejo de Seguridad de ‎la ONU votó numerosas sanciones contra Estados. Muchos funcionarios de la ONU ya han ‎comprobado en el terreno que tales sanciones causan hambrunas y provocan innumerables ‎muertes entre la población civil. Pero las sanciones votadas por el Consejo de Seguridad ‎sólo pueden anularse mediante una nueva votación… que Estados Unidos impide. Las llamadas ‎‎«sanciones» no son sentencias pronunciadas después de un juicio sino armas utilizadas ‎contra pueblos… en nombre de la ONU. ‎

Ahora, como Washington ya no logra imponer la adopción de “sanciones” desde el Consejo ‎de Seguridad, lo que hace es decretarlas unilateralmente y obligar la Unión Europea –su vasallo– ‎a aplicarlas. En otras palabras, los países miembros de la Unión Europea asesinan civiles en ‎numerosos países, ahora en nombre de la «democracia». ‎

3- LA ESTRATEGIA RUSO-CHINA

En Occidente se suele anunciar lo que podría o debería ocurrir con la intención de atribuirse la paternidad del ‎acontecimiento. A menudo nada se hace para que sucedan las cosas y Occidente se limita a ‎esperar, felicitándose por adelantado. Eso es lo que se llama un “efecto de anuncio”. ‎

Por el contrario, en Rusia y en China –donde se habla menos– sólo se anuncia aquello cuya ‎realización ya se considera segura. Generalmente, los anuncios son allí la revelación de lo que ya ‎está hecho. ‎

Cuando el presidente ruso Vladimir Putin anuncia que va a poner a Estados Unidos en su lugar, ‎no está hablando de algo negociable. Rusia sabe que para el presidente estadounidense Joe ‎Biden negarse a retirarse no es una opción. Así que la intención de Rusia es obligarlo a retirarse, ‎quizás lentamente pero seguramente. Como un jugador de ajedrez, Moscú ha calculado de ‎antemano todas las posibles jugadas. Le basta con mostrar su propia fuerza y, posiblemente, con ‎“pinchar” por los costados. Por ejemplo, las fuerzas armadas rusas pudieran realizar una ‎demostración de las posibilidades de sus misiles hipersónicos, para que todos puedan ver que tiene ‎la capacidad necesaria para destruir cualquier objetivo en cualquier lugar del planeta. Incluso ‎podría asestar un golpe a las fuerzas armadas de Estados Unidos en algún territorio que ese país ‎ocupa ilegalmente. ‎

El 15 de diciembre de 2021, Moscú y Pekín mostraron públicamente su alianza militar. Fue sólo ‎‎2 días antes de la publicación del borrador del tratado que Rusia propone a Estados Unidos. El presidente ‎ruso Vladimir Putin y el presidente chino Xi Jinping incluso conversaron por videoconferencia ‎en apoyo a la propuesta rusa. China insistió oficialmente en la legitimidad de esa exigencia. ‎Si bien existen divergencias entre Rusia y China –incluso temas conflictivos como el de la Siberia ‎oriental–, también es cierto que Moscú y Pekín están condenados a apoyarse entre sí. Tanto ‎Rusia como China han sufrido los embates de las potencias occidentales en un pasado no muy ‎lejano. Ambos países han comprobado la hipocresía de sus interlocutores occidentales y saben ‎que se necesitan uno al otro para poder resistir. ‎

En los últimos años, Rusia ha concebido y desarrollado nuevos tipos de armamento. ‎

En 2014, Rusia demostró que es capaz de neutralizar las comunicaciones y los sistemas ‎de mando de barcos de guerra, como un destructor estadounidense –el USS Donald Cook– equipado con el sistema de ‎combate Aegis que lo conecta a todos los lanzadores de misiles estadounidenses [12] o incluso de un portaviones como el USS Ronald Reagan [13]. Posteriormente Rusia demostró en ‎el Levante que puede extender el espacio donde neutraliza todas las comunicaciones y sistemas ‎de mando de la OTAN, en un radio de 300 kilómetros [14]. Rusia dispone hoy de una superioridad evidente en los conflictos convencionales. ‎

La OTAN ignoró por mucho tiempo la técnica francesa en materia de armas hipersónicas. Pero ‎los soviéticos la perfeccionaron, camino que después siguió Rusia [15]. Los portadores hipersónicos son hoy el arma decisiva, capaz de golpear con ‎cargas nucleares cualquier objetivo en cualquier lugar del planeta. Esos medios atraviesan la ‎atmósfera, ganan velocidad durante su trayectoria en el espacio para descender después sobre ‎el blanco al reingresar en la atmósfera terrestre a velocidades que hacen imposible todo intento ‎de interceptarlos. ‎

De hecho, el oneroso «escudo antimisiles» de la OTAN ya es obsoleto [16]. Rusia dispone actualmente de superioridad ante un ‎eventual conflicto nuclear [17].‎

Moscú parece haber proporcionado una versión intermedia de ese armamento a la República ‎Popular China y posiblemente a la República Popular Democrática de Corea. En Washington, ‎el almirante Christopher Grady, jefe adjunto del Estado Mayor Conjunto, reconoció la ventaja ‎tecnológica de Rusia y anunció que Estados Unidos está empeñado en salir de su retraso. ‎El hecho es que, aunque el anterior presidente –Donald Trump– reactivó la investigación militar, ‎el Pentágono necesitará muchos años para recuperar el tiempo perdido en ese sector. ‎

La agresión exterior de Occidente contra Siria proporcionó a Rusia la posibilidad de poner ‎a prueba una gran cantidad de armas nuevas y varias han resultado ser muy superiores al armamento ‎occidental. Simultáneamente, el fracaso del faraónico programa del avión de combate ‎estadounidense F-35, cuya incapacidad para satisfacer las expectativas creadas ya ha quedado ampliamente demostrada, confirma que la investigación militar estadounidense se ha quedado ‎atrás. Sin embargo, el F-35, categorizado como un «caza polivalente furtivo», está siendo ‎ampliamente vendido a los países miembros de la OTAN… mientras que la fuerza aérea de ‎Estados Unidos (US Air Force) ha decidido apostar por la “reedición” del viejo F-16.‎

Por su parte, China ha desarrollado una técnica eficaz para destruir satélites, técnica que parece ‎haber compartido con Rusia. La destrucción de un viejo satélite soviético, el 15 de noviembre ‎de 2021, no lejos de la estación orbital internacional, suscitó gran conmoción en el seno de ‎la OTAN. En este momento, China y Rusia pueden dejar a los ejércitos de la OTAN sordos y ciegos en sólo ‎horas. ‎

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