El ensayo que se presenta aquí nace de un estudio previo de investigación científica y tesis doctoral, sobre Frustración existencial y Resiliencia en el ámbito de la Psicología. Pero sobre todo de la necesidad personal por exponer algunas ideas que entonces se quedaron “en el tintero” de su redacción.

La Psicología, como ciencia del espíritu humano, tiene como objetivo principal ayudar al individuo en el aprendizaje y afrontamiento de las dificultades que surgen de manera espontánea en su vida diaria, lo cual incluye la enfermedad, el sufrimiento, la muerte y el mal. Pero trata, al mismo tiempo, de favorecer un adecuado desarrollo, crecimiento y madurez de la consciencia personal, para que pueda reconocer su origen y reconciliarse con su naturaleza animal. Pues se puede consensuar fácilmente que las ciencias positivas o naturales, como la Biología, la Química o la Neuropsicología nunca van a poder evidenciar lo que constituye en verdad el núcleo fundamental del ser humano; el alma.

Por esto, y para comprender más fácilmente el objetivo general de este ensayo, nos sirven mejor de ayuda las preguntas expresadas en un breve extracto de un documento de la Iglesia Católica surgido tras el Concilio Vaticano II de principios de los años 60 del siglo pasado; la Constitución Pastoral “Gaudium et Spes”.

En los siguientes párrafos del capítulo 10, se resumen muy bien los interrogantes más profundos del hombre, configurándose aquí como un punto de partida de obligada lectura y reflexión.

Gaudium et Spes 9e-10

<< El mundo moderno aparece a la vez poderoso y débil, capaz de lo mejor y de lo peor, pues tiene abierto el camino para optar entre la libertad o la esclavitud, entre el progreso o el retroceso, entre la fraternidad o el odio. El hombre sabe muy bien que está en su mano el dirigir correctamente las fuerzas que él ha desencadenado y que pueden aplastarlo o salvarlo. Por ello se interroga a sí mismo.

En realidad, los desequilibrios que fatigan al mundo moderno están conectados con ese otro desequilibrio fundamental que hunde sus raíces en el corazón humano.

Son muchos los elementos que se combaten en el propio interior del hombre. A fuer de criatura, el hombre experimenta múltiples limitaciones; se siente, sin embargo, ilimitado en sus deseos y llamado a una vida superior.

Atraído por muchas solicitaciones, tiene que elegir y que renunciar. Más aún, como débil y pecador, no es raro que haga lo que no quiere y deje de hacer lo que querría llevar a cabo. Por ello siente en sí mismo la división, que tantas y tan graves discordias provoca en la sociedad.

Son muchísimos lo que, tarados en su vida por el materialismo práctico, no quieren saber nada de la clara percepción de este dramático estado, o bien, oprimidos por la miseria, no tienen tiempo para ponerse a considerarlo. Muchos piensan hallar su descanso en una interpretación de la realidad, propuesta de múltiples maneras.

Otros esperan del solo esfuerzo humano la verdadera y plena liberación de la humanidad y abrigan el convencimiento de que el futuro reino del hombre sobre la tierra saciará plenamente todos sus deseos.

Y no faltan, por otra parte, quienes, desesperando de poder dar a la vida un sentido exacto, alaban la audacia de quienes piensan que la existencia carece de toda significación propia y se esfuerzan por darle un sentido puramente subjetivo.

Sin embargo, ante la actual evolución del mundo, son cada día más numerosos los que se plantean o los que acometen con nueva penetración las cuestiones fundamentales:

¿Qué es el hombre?

¿Cuál es el sentido del dolor, del mal, de la muerte, que, a pesar de tantos progresos, subsisten todavía?

¿Qué valor tienen las victorias logradas a tan caro precio?

¿Qué puede dar el hombre a la sociedad?

¿Qué puede esperar de ella?

¿Qué hay después de esta vida temporal?  >>

                                                                                        ____

Así pues, el contenido que se expone en este breve ensayo para la consideración del lector,  responde a alguna de las cuestiones planteadas más arriba.

Pues habiendo ignorado conscientemente a Dios en nuestra búsqueda de la verdad en el ámbito de la Psicología, siendo, sin embargo, el Sujeto cardinal de la Historia humana por ser precisamente el Creador de toda la Realidad cognoscible e incognoscible, hemos constituido en cambio, en su lugar, a la Ciencia (y a la Tecnología que se deriva de ella) como el gran ídolo que nuestra sociedad contemporánea adora hoy compulsivamente. Desdeñando a propósito toda evidencia de la realidad espiritual y de la sabiduría cristiana desarrollada a través de los últimos 20 siglos de civilización.

Creo que se debe aportar a la “psicología científica” que hoy se enseña en las aulas, nuevos y viejos conceptos e ideas que traten de explicar mejor quién es el ser humano y cómo debe estudiarse éste desde perspectivas distintas, algunas de las cuales hunden sus raíces en creencias y hechos que han sido verificados y demostrados a través de la Historia.

Y denunciar exprofeso la apropiación indebida que el modelo biomédico “cientificista” -y la Psiquiatría en particular- se ha arrogado para sí, alegando una autoridad “moral académica” que decide, entre otros aspectos, qué términos y fenómenos son válidos y legítimos para el estudio y desarrollo de la Psicología y cuáles no.

Hoy, más que nunca, debemos escuchar, ver y comprender el alma humana desde unos presupuestos epistemológicos que permitan evidenciar con claridad cómo es, de dónde procede, cómo vive, enferma y “muere” el ser humano…Y no sólo escuchar la radio oficial de la Ciencia contemporánea, como alegóricamente nos recuerda María Elena Walsh en el siguiente verso de su poema “Viento Sur”:

En los camalotes cantan las sirenas, pero Ulises camionero no las oye, solo escucha la radio”.

 

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