¿Quieres ser feliz?

Pues si quieres ser feliz, el único camino es Cristo, es su Sagrado Corazón, es el Santísimo. Conviérte y adora a Jesús Sacramentado.

El mundo está lleno de personas desquiciadas. Hay mucha gente que se siente profundamente desgraciada y que busca febrilmente la felicidad que no encuentra por ninguna parte. El consumo de ansiolíticos y antidepresivos se ha disparado en los últimos años.

El suicidio es una plaga: la primera causa de mortalidad en España y en toda Europa. Cada año se suicidan en España alrededor de 3500 personas: unas diez al día. Se calcula que por cada persona que se suicida hay otras veinte que lo intentan. El número de suicidios triplica las muertes por accidentes de tráfico. Según la Organización Mundial de la Salud, el suicidio es el problema de salud más grave de Europa. En el mundo, se dan más de ochocientos mil suicidios al año y causa más muertes que las guerras y los homicidios. Pero el problema del suicidio es un tabú. De esto no se habla ni se hacen campañas de concienciación. Silencio. El gobierno se gasta ingentes cantidades de dinero en campañas contra el tabaco y contra los accidentes de tráfico. Pero para prevenir el suicidio, no se gastan ni un duro. Y es el primer problema sanitario de España.

Aunque bien pensado, el sufrimiento ¿es realmente un problema sanitario?

Evidentemente, si alguien sufre una depresión, lo primero que debe hacer es ponerse en manos de su médico o de su psiquiatra; o acudir a un buen psicólogo.

Pero el problema de sufrimiento y del dolor del ser humano no es un problema exclusivamente médico, aunque en los últimos tiempos todo se quiere medicalizar: que el niño es inquieto, pues a ver si le hacen un diagnóstico y le recetan una pastilla; que el niño no estudia, pues a ver si tiene algún trastorno y se soluciona con algún tratamiento farmacológico. El mundo está ansioso por encontrar definitivamente la píldora de la felicidad que resuelva todos nuestros problemas y nuestros padecimientos. La cuestión será si cuando inventen la pastilla de la felicidad, seremos realmente felices o acabaremos siendo gilipollas integrales. Está por ver. En realidad, las drogas no son sino el intento de acabar con el sufrimiento y de encontrar la felicidad en unos paraísos artificiales que no son sino espejismos que no conducen a otro sitio que a la propia autodestrucción. Las drogas no son sino otra manera de suicidarse.

La cuestión del sufrimiento, del dolor, de la búsqueda de un sentido a la existencia y de un modo de ser feliz ha sido uno de los temas centrales de la historia de la filosofía y uno de los aspectos primordiales de las religiones. Basta con pasearse por los estantes de cualquier librería con cierta entidad para ver el boom de los libros de autoayuda: Cómo ser feliz en siete días, Conócete a ti mismo, La paz está en tu corazón: búscala; Cambia tú para cambiar el mundo, La alimentación saludable te hará feliz, El libro del clítoris: explórate a ti misma y se feliz; La Educación cambiará el mundo…

Libros de autoayuda, yoga, meditación zen, mindfulness, coaching… Todos esos caminos no te conducirán a nada. Sin la ayuda de Dios, es imposible ser feliz…

Nunca como en nuestros tiempos ha tenido el satanismo una preeminencia tan notable. Podemos decir que estamos en una época satánica, luciferina, en la que pareciera que el Maligno se ha quitado las caretas y, no solo ha perdido la vergüenza, sino que sale a la luz orgullo de exhibir su depravación. Esto molesta mucho a las feministas y al homosexualismo político, pero trataré de justificar estas afirmaciones. Vivimos el auge de una nueva religión pagana progre-satánica: la religión del Anti-Cristo que proclama la doctrina Anti-Cristiana y la inversión de los valores: lo que era bueno ahora es malo; y lo que era malo, ahora es lo deseable y lo virtuoso.

Y dijo la serpiente a la mujer: “No, no moriréis;es que sabe Dios que el día en que comáis de él se os abrirán los ojos y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal.”

Vio, pues, la mujer que el árbol era bueno al gusto y hermoso a la vista y deseable para alcanzar por él la sabiduría, y tomó de su fruto y comió, y dio de él también a su marido, que también con ella comió.

Génesis 3, 4-6

El primer rasgo distintivo de la religión luciferina es este: “seréis como Dios”. El hombre se convierte en el centro y su voluntad pretende ser todopoderosa. La persona se convierte a sí misma en ídolo. Se trata del antropocentrismo, del humanismo. El ser humano es Dios. “Yo soy dueño de mí mismo y puedo ser lo que quiera ser”. “No acepto la voluntad de Dios ni sus designios: no serviré a Dios, non serviam”. Es el hombre que se rebela contra Dios y sus Mandamientos y decide por sí mismo lo que está bien y lo que está mal. Dios dice que no se puede matar, pero yo decido que asesinar niños en el vientre de su madre es un derecho de la mujer; o que matar a ancianos y a enfermos es un acto de misericordia para evitar su sufrimiento y darles una “muerte digna”.

Fíjense cómo la maldad se disfraza de virtud: el aborto es un derecho, la eutanasia es una “muerte digna”… Satanás, la Serpiente, se disfraza de ángel de luz (Lucifer) para engañarnos y hacernos creer que el pecado es un acto virtuoso: “el árbol era bueno al gusto y hermoso a la vista y deseable para alcanzar por él la sabiduría”. Es el mal con apariencia de bien. Y el ser humano se deja engañar. “¿Quién es Dios para decirme lo que tengo o lo que no tengo que hacer?” “¿Quién es Dios para prohibirme nada?”. El hombre pretende que, haciendo lo que le dé la gana, será feliz. Y el pecado de soberbia, el pecado de creerse uno mismo mejor que Dios, no le trae más que desgracias, desdichas y muerte. Así, el aborto y la eutanasia, en última instancia, no son sino homicidios. Eso sí: disfrazados de derechos y libertades individuales.

La filosofía moderna se empeña en conceptos como la autodeterminación, el empoderamiento, la autoposesión, la resiliencia, el autoconcepto… Yo decido qué soy y cómo soy en función de mi propia percepción subjetiva de la realidad y de mi realidad personal. Yo soy lo que siento que soy. Es la locura, la sinrazón, la pérdida de la realidad. Nos hemos vuelto locos. Las cosas no son lo que son, sino lo que yo siento que son, lo que yo quiero que sean. Se trata de un idealismo enloquecido, desquiciado. La realidad objetiva se niega: no existe. Todo es una construcción mental. Vivimos en un mátrix donde todo es una pura alucinación de la mente. Y cuando uno no es capaz de distinguir la realidad de sus propias alucinaciones, llegamos a la paranoia actual. La cultura actual, efectivamente, es delirante. Como decía Chesterton, “llegará un momento en que habrá que desenfundar la espada para defender que el pasto es verde”. Ese momento ya ha llegado. Y defender que el pasto es verde se ha convertido en un acto de rebelión intolerable para los delirantes seguidores de la religión luciferina. Por ejemplo, en España se ha montado un lío fenomenal cuando una asociación sacó a las calles un autobús con el lema “los niños tienen pene y las niñas tienen vagina. Que no te engañen.”. Hasta ahora nadie había cuestionado las evidencias biológicas. Era una cuestión científica y como tal, no era cuestionable. Hoy en día afirmar que un hombre es un hombre y una mujer, una mujer, te convierte en un delincuente, un homófobo y un fascista.

El culto idolátrico al hombre y a su “santa” e incuestionable voluntad se complementa con el culto al cuerpo; la obsesión por la salud, por los gimnasios y las pesas, por las dietas saludables, el “running”,  los deportes de riesgo… Y todo ello, se convierte en dogmas que se plasman en leyes que te prohíben fumar o te criminalizan por comer donuts. Hay un culto a la juventud y a la salud; una lucha constante contra la vejez y la enfermedad. Quienes se están forrando son las clínicas de cirugía estética y los youtubers apóstoles del realfooding.

Todo esto conduce al hedonismo como único sentido de la vida: hay que pasarlo bien y disfrutar de la vida. Como no hay nada más allá de la muerte – no hay trascendencia ni metafísica – lo único que cuenta es esta vida (la única que hay). Así que hay que vivir intensamente y buscar el placer a toda costa, que es el único concepto de felicidad que entiende el superhombre moderno.

El sexo, la buena mesa (saludable y mediterránea), el buen vino… Es lo que nos queda… Es el “Estado del Bienestar”: otro de los ídolos paganos de la nueva religión satánica. Tenemos derecho a vivir bien, aunque no dé un palo al agua. El Estado me tiene que dar educación, sanidad, subsidios, pensiones… Porque el Estado es otro dios,  a quien hay que adorar. La felicidad es ser funcionario, trabajar lo justo, cobrar lo máximo posible y tener muchas vacaciones y permisos. El problema es quién paga la felicidad del funcionario, del artista subvencionado, de millones de parados y jubilados… Porque todo eso es muy caro de mantener. Y el sistema amenaza desde hace años con irse al garete. Y entonces, ¿qué? Cuando Papá Estado quiebre y llegue la ruina, ¿qué vamos a hacer? ¿Quién nos va a proteger?

La palabra fetiche es “sostenibilidad”. El sistema no es sostenible. Hay demasiados jubilados y demasiados parados y demasiados enfermos (que salen carísimos). Hay que reducir la población. Hay que ahorrar en pensiones y en sanidad.

“No quiero ser madre para no contaminar el planeta”. Barbaridades así se escuchan, se leen y se difunden por las redes sociales: “lo mejor es promover la anticoncepción y el aborto para que no nazcan más bocas que alimentar. Cada niño que nace contamina, consume, gasta. Cada niño genera basura en forma de pañales y plásticos que tardan siglos en reciclarse; combustible, porque el niño viajará y querrá comprarse un coche (el muy burgués); consumirán agua y comerán, lo que agotará los recursos hídricos y obligará a tener ganado pastando por los prados. Y cada vaca se tira unos pedos horrorosos que emiten gases con efecto invernadero que causan el cambio climático y el apocalipsis zombi. Además, la agricultura precisa abonos que contaminan las aguas subterráneas y alteran el ecosistema con sus pesticidas y sus cultivos transgénicos, poniendo en riesgo la cadena trófica y causando la extinción a los osos polares, que se quedan sin hielo en el Polo Norte. Así que mejor no tener hijos. Todo sea por los osos polares y las miles de especies en peligro de extinción, porque estamos ante el exterminio inminente de la mayor parte de la flora y la fauna del planeta. Además, yo quiero una vida independiente y los hijos te impiden viajar y disfrutar. Y son un gasto insostenible.”

Por otra parte, los viejos y enfermos suponen igualmente otro gasto insostenible: pensiones, ayudas a domicilio, hospitalizaciones, medicamentos, cuidados paliativos… Y además sufren y ya no disfrutan de la vida. Así que hay que darles una muerte digna (o sea, matarile). Que dejen de sufrir, los pobres. Una firma, una inyección y a criar malvas. Y además nos ahorramos un montón de recursos. Porque el sistema sanitario y de pensiones y la ayuda a la dependencia tampoco son sostenibles. Y si no pueden disfrutar, ¿para qué vivir? Mejor morir y no dar la lata ni molestar a los hijos. Una vida dependiente no es digna de ser vivida.

Como si la dignidad del ser humano dependiera de su capacidad de disfrutar o de se útil… Si no eres útil eres una carga y tu vida no es digna. No sirves para nada. Eres un trasto viejo, inútil.

Los nuevos paganos defienden el multiculturalismo y el sincretismo religioso. Todas las culturas son iguales y todas tiene un valor infinito, salvo la cultura cristiana. Nada odian más los satánicos que los templos católicos, las procesiones, los sacramentos… Por eso inventan bautismo laicos y gilipolleces similares. Las religiones son todas iguales y respetables, salvo la religión católica que es propia de fachas homófobos y heteropatriarcales. Ellos quieren una iglesia nueva que admita el divorcio, el matrimonio gay, el aborto, la eutanasia, el sacerdocio femenino y una nueva moral donde toda inmoralidad sea normalizada y aplaudida. Y el caso es que hay una iglesia que llaman del nuevo paradigma (que no es otra cosa que la iglesia cismática neomodernista) que está por la labor de pactar con los satánicos y que desde dentro trabajan de manera infatigable por la destrucción de la verdadera Iglesia Católica.

Esa nueva iglesia del nuevo paradigma también está muy preocupada, siguiendo la corriente luciferina, por la ecología. El culto a la naturaleza, el cambio climático, el calentamiento global, la Pacha Mama, la capa de ozono, los plásticos que matan tortugas y ballenas en los mares… Todos estos rollos son excusas inmejorables para justificar lo injustificable. Es una especie de panteísmo estúpido que rinde culto al planeta como si fuera una diosa a la que el hombre se empeña en ofender, contaminándolo todo.

Esta mentalidad hedonista y absurdamente enloquecida pretende acabar con la familia “tradicional”, creando “nuevos modelos de familia”. Los homosexuales reclaman su derecho a tener hijos; y las mujeres, el suyo a no tenerlos. Se defiende el derecho a que los LGTBIQ se casen, mientras se desprecia el matrimonio y se dice que el amor para toda la vida es un ideal imposible o que simplemente no existe. Se gastan ingentes cantidades de dinero en investigación para la fecundación in vitro al mismo tiempo que se abortan a cientos de miles de niños al año en España. Nada tiene el más mínimo sentido. Es el triunfo de la sinrazón, de la mentira, del egoísmo y de todos los vicios, que campan a sus anchas entre aplausos del respetable mientras al virtuoso se le apedrea y se le desprecia. Si conocen el Decálogo, denle la vuelta y tendrán los nuevos Mandamientos del Anti-Cristo:

  1. Te amarás a ti mismo sobre todas las cosas: busca el bienestar y pásatelo bien. Disfruta de la vida. Haz lo que quieras hacer; sé lo que quieras ser y lo que sientas que eres. La persona es el centro del universo. El hombre es Dios.
  2. Despreciarás a Dios y más aún si cabe, a su Santa Madre. Blasfema, realiza actos sacrílegos, promueve exposiciones ofensivas contra los católicos; haz pintadas estúpidas…
  3. Deshonrarás las fiestas con botellones, orgías y sexo libre (cuanto más depravado mejor). No irás a misa ni por equivocación; rezar el rosario es de fachas; pero sí harás meditación zen, cursos de coaching, mindfulness, yoga o Chi Kung.
  4. Abandonarás a tu padre y a tu madre en el asilo más cutre y lucharás por darles una “muerte digna” lo antes posible para que no den la lata.
  5. Matarás a los niños no nacidos y procurarás la eutanasia para viejos, enfermos y discapacitados. El planeta te lo agradecerá.
  6. Cometerás toda clase de actos impuros. El sexo es saludable y cuanto más pervertido, mejor. Fomentarás la pornografía, la pedofilia, el estupro, la depravación en todas sus variantes, el sadomasoquismo, la zoofilia, la necrofilia y cualquier otra aberración que se os ocurra, incluyendo la ecosexualidad. Lo importante, en cualquier caso, es acabar con el matrimonio, la familia, la castidad y la pureza.
  7. El que no roba es porque no puede. Procura enriquecerte y corromperte porque el dinero da la felicidad.
  8. La verdad no existe, así que miente, engaña, disimula… La mentira crea universos paralelos y fomenta la creatividad. Los únicos que no se corrompen son los que no tienen la oportunidad.
  9. Consentirás pensamientos impuros y fomentarás la pornografía y la impudicia. Tratarás de pervertir a los niños desde la más tierna infancia para acabar con su inocencia.
  10. Codiciarás los bienes ajenos: fomentarás la avaricia y potenciarás la envidia. Explotarás al trabajador y te aprovecharás de la necesidad del pobre.

Si cumples estos mandamientos, tu vida será un infierno. No tendrás que esperar nada: el infierno lo tendrás aquí mismo. Y serás un verdadero desgraciado. La gente busca desesperadamente la felicidad y cree que el camino es el pecado mortal. Pero el pecado mortal solo trae destrucción, desesperación y muerte.

La felicidad verdadera es aceptar y cumplir la voluntad de Dios, como hizo María, incluso al pie de la cruz. Sólo la gracia de Dios nos hace felices y nos permite santificar el nombre de Dios incluso ante las calamidades, la enfermedad o la muerte. Así que, si estás desesperado y te sientes desgraciado, revisa tu vida, busca un sacerdote, confiésate y deja que el Señor cambie tu vida. Llorar a los pies de Jesús como la pecadora en casa del fariseo es el único camino para que seas feliz. La única manera de afrontar el sufrimiento, la enfermedad y la muerte es manteniendo la esperanza que viene de la fe. María sufre por la muerte de su Hijo pero en medio de la oscuridad del misterio del dolor, con el corazón roto y los ojos nublados por el llanto, simplemente espera y cree. No pierde la esperanza. No la pierdas tú tampoco. Nuestro fin no está aquí: está en el Cielo, que es nuestra verdadera patria. El Señor “enjugará las lágrimas de sus ojos y la muerte no existirá más, ni habrá duelo, ni gritos, ni trabajo, porque todo esto es ya pasado.” (Apocalipsis 21, 4).

Yo soy el alfa y la omega, el principio y el fin. Al que tenga sed le daré gratis de la fuente de agua de vida.” (Apocalipsis 21, 6)

Pero “los cobardes, los infieles, los abominables, los homicidas, los fornicadores, los hechiceros, los idólatras y todos los embusteros tendrán su parte en el estanque que arde con fuego y azufre, que es la segunda muerte.” (Apocalipsis 21, 6-8).

Cristo es Rey. Cristo está realmente presente en la Sagrada Hostia: allí está su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad. Allí está realmente su Sagrado Corazón, oculto bajo las especies de pan y vino. De ese Corazón brota la fuente del agua de la vida que el Señor nos ofrece gratis. Sólo las llagas de Cristo pueden curar nuestras heridas.

“Te adoro con devoción, Dios escondido, oculto verdaderamente bajo estas apariencias. A Ti se somete mi corazón por completo, y se rinde totalmente al contemplarte.

Al juzgar de Ti, se equivocan la vista, el tacto, el gusto; pero basta el oído para creer con firmeza; creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios: nada es más verdadero que esta Palabra de verdad.

En la Cruz se escondía sólo la Divinidad, pero aquí se esconde también la Humanidad; sin embargo, creo y confieso ambas cosas, y pido lo que pidió aquel ladrón arrepentido.

No veo las llagas como las vio Tomás pero confieso que eres mi Dios: haz que yo crea más y más en Ti, que en Ti espere y que te ame.

¡Memorial de la muerte del Señor! Pan vivo que das vida al hombre: concede a mi alma que de Ti viva y que siempre saboree tu dulzura.

Señor Jesús, Pelícano bueno, límpiame a mí, inmundo, con tu Sangre, de la que una sola gota puede liberar de todos los crímenes al mundo entero.

Jesús, a quien ahora veo oculto, te ruego, que se cumpla lo que tanto ansío: que al mirar tu rostro cara a cara, sea yo feliz viendo tu gloria. Amén”.

(Himno “Adoro te devote” – Santo Tomás de Aquino)

Como partisanos de la gracia de Dios, constituyámonos en resistencia contra los apóstatas y contra los siervos de Satanás que desfilan orgullosos de sus vicios. Adoremos al Señor y reparemos por las ofensas que recibe a diario: por tantas blasfemias y sacrilegios. El mes de junio será siempre para nosotros el mes de Jesús Sacramentado, el mes del Corpus Cristi, el mes del Sagrado Corazón de Jesús. Nuestro orgullo es Cristo. Dios nos libre de gloriarnos si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo.

Cristo vence, Cristo reina, Cristo impera.

¡Viva Cristo Rey!

Fuente: Pedro L. Llera, Santiago de Gobiendes – 6 junio 2019

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