Cataluña y el misterio de iniquidad.

Cada vez que leo la prensa, veo la televisión o pienso en el problema catalán, surgen en mi interior tentaciones intensas de malestar emocional, que fácilmente identifico como ira, coraje o rabia.

La “sin razón” humana colectiva que percibo, tanto en los deseos independentistas como en los cálculos interesados de los partidos políticos o en el anhelo noble del pueblo llano por permanecer en la unidad, me hace definitivamente recordar una profecía de San Pablo, en la que señala al misterio de la iniquidad como el obrador principal de todos los desórdenes, revueltas y violencias que se dan en el mundo.

Está profetizado que el mal, actuando siempre en la historia humana desde la oscuridad y la ignorancia de los hombres, llegará un día a su plenitud en el mundo y la sociedad humana y, siempre, bajo la apariencia de bondad y bien. Pues en este tiempo, al bien se le llamará mal y al mal, bien.

En parte, lo que vemos en el llamado “procés” es un pequeño brote o renuevo de ese Mal en el mundo, que se localiza en Cataluña, y nos enseña cómo se puede presentar la realidad de España (que en sí mismo es un bien para sus habitantes) como opresión y mal contra el pueblo catalán. Demostrándose desde las estructuras del poder nacionalista que la independencia es el bien que puede liberar a Cataluña del Estado “malo” español.

Cataluña no podría existir sin España porque, aunque quieran modificar la Historia, ella forma parte esencial de su propia historia. Y es un actor principal de su creación como país. España no existe sin Cataluña, como no se comprende a España sin Asturias, Galicia o Andalucía, por no incluir siempre a los mismos.

¿Qué se necesita para que pasemos de contabilizar 20.000 personas, que eran independentistas convencidos en el año 1976, a casi dos millones de ciudadanos en 2017, convencidos de que la independencia de Cataluña es su mejor futuro personal y político? Pues simplemente presentando, mediante el discurso de la razón, al bien como mal y al mal como bien.

¿Qué hacía la serpiente en el Paraíso sino presentar la manzana –lo prohibido, lo ilegal o ilícito, el mal- como lo bueno y apetecible para alcanzar la libertad y sabiduría que nos permitiría llegar a ser como dios? La mujer le creyó y convenció al hombre –también con la razón- para que comiera con ella. Y ambos cayeron en el mal creyendo alcanzar el bien, cuando Dios les visitó. Pero ustedes ya conocen la historia revelada.

Toda la educación en Cataluña, la propaganda, los mensajes y la acción de los políticos nacionalistas se dirigen al núcleo del ser humano, adulando (como hacía la serpiente) el ego ciudadano. Tratando de “abrirles los ojos” con razonamientos bien estructurados y coherentes (pero falsos).

¿Cómo pudieron creer tantos millones de alemanes el nacional-socialismo razonado por sus líderes? ¿Cómo pudieron creer que eran superiores moral y étnicamente? Y ¿que tenían el derecho de exterminar a las razas inferiores y enemigas de su país?

De la misma manera que los líderes catalanes independentistas llevan haciendo desde hace más de 30 años, sin que nadie les pare los pies ni se enfrente a ellos con la razón, ni con el poder debido, legal y establecido, como hizo en su día al que hoy se le niega incluso descansar en paz.

Existe mucha hipocresía y maldad también en los políticos españoles no independentistas, que se han aprovechado durantes estos mismo años, y aún continúan haciéndolo, para alcanzar sus propios intereses partidistas. Cainitas de toda clase y color, amparados en la ideología socialista o liberal, que anteponen su ego y sueldo particular a los intereses generales del pueblo (que ahora desprecian llamándolo populistas).

En estos también se observa el misterio de la iniquidad. Pues todo hombre que no busca a Dios de corazón, como lo fundamental de la vida, termina extraviándose en el Misterio.

Pues, como dicen los grandes líderes de nuestro mundo (apelando al mismo mensaje evangélico), “el que no está conmigo, está contra mi”.

Seiralonte.

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