Operación Moncloa.

José María Sánchez

La reciente moción de censura “pactada” contra el Gobierno de Rajoy, huele a “cloacas” de Estado bi-partitocrático. Ante el “advenimiento del tan esperado mesías español”, representado por Albert Rivera según la visión mesiánica de la izquierda rancia de este país, los dos partidos hegemónicos del país se han visto abocados a llevar a cabo una obra de ingeniería política casi perfecta con un único objetivo: anular la fascinación que ejerce CS Ciudadanos entre los votantes del PP y el PSOE.

El nuevo partido político que concita ilusión en los españoles, al ser percibido socialmente como el único capaz de desafiar al independentismo con fuerza, eficacia y sin vergüenza por defender la unidad de España, representa el último bastión político verdaderamente útil contra la corrupción generalizada y el reparto de cargos y poder “a la carta” entre las instituciones del Estado y los Reinos de Taifas en que se han convertido las Autonomías.

Pactando la salida del Gobierno central y pasando a la oposición, el PP gana tiempo para recomponer filas y aparentar limpieza de corruptos en su organización. Y a partir de ahora veremos en los medios de comunicación social (al servicio del estado bipartitocrático que no quiere terminar como nuestra vecina Italia), noticias en torno a un PP que ya no estarán focalizadas en la corrupción, sino en las luchas internas por alcanzar el nuevo liderazgo, su Congreso extraordinario del verano y los múltiples movimientos de sus barones territoriales, de cara a las próximas elecciones autonómicas y municipales de 2019.

Al otro “cuerno” de la bicefalia partitocrática, el PSOE, se le concede el protagonismo de ser el Gobierno de España, con un Pedro Sánchez que ya vive en la Moncloa gracias a su “amplia mayoría” de 82 diputados. Sánchez y PSOE aparecerán un día si y otro también en esos mismos medios de comunicación, con distintas y contradictorias ocurrencias ante el desafío independentista catalán, nuevas medidas para la implantación máxima de la ideología de género y el feminismo radical. Y, otra vez con los viejos discursos y la cantinela perpetua del maniqueísmo “progre”, acerca de la justicia social debida a los más pobres y desfavorecidos, los inmigrantes y demás colectivos “discriminados” por ellos mismos, etc.

Haciéndolo así, se intenta detener la sangría del trasvase de votos hacia Cs, que procede tanto del electorado del PP como del PSOE. Pensando con acierto que unas elecciones generales ahora mismo serían muy negativas tanto para el PP como para el PSOE. Pero también para el PNV y los independentistas catalanes. Ninguno de estos partidos políticos quiere unas próximas elecciones generales porque temen, con mucha razón, una victoria electoral de Albert Rivera y Cs. Así que a esta Operación Moncloa habría que llamarla, en puridad, Operación Desactivar a Ciudadanos Cs. Y así lo declaró públicamente el PNV en el Congreso.

Los indicios y señales de esta conspi-paranoica operación política, nos vienen dadas por los siguientes hechos clave: el porqué de que Rajoy no dimitiera antes de la votación de la moción de censura, aún requiriéndoselo de manera directa y chulesca -hasta en 7 ocasiones en el Parlamento – el entonces candidato Sánchez (y las consecuencias tan distintas que ello habría tenido); el porqué de la ausencia de Rajoy durante toda la tarde del jueves en plena moción de censura en el Parlamento (mientras disfrutaba de un ágape en un restaurante de lujo). El porqué salió la sentencia de la Gurtel justo al día siguiente de aprobarse los presupuestos del Estado en el Congreso (y no antes). Y porqué se planteó y firmó tan rápidamente una moción de censura del PSOE, sin contar con “nadie”.

Ha sido sin duda, un rápido, limpio y tajante procedimiento político “quirúrgico”, que ha dejado a la ciudadanía perpleja y con “el pie cambiado”. Pero era algo que estaba siendo planificado meses atrás, como así lo confirman las reuniones discretas entre el PNV y el PSOE.

De momento, el independentismo está agazapado, el avance de Ciudadanos desactivado (por poco tiempo) y ahora vemos de nuevo al PSOE y al PP en los medios de comunicación como los únicos partidos políticos que “de verdad cuentan” en este país. ¡Qué gran ironía! Lo dicho: “Operación Moncloa” sólo para el PP y el PSOE.

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