La Tercera Roma.

Sertorio

La OTAN, la UE y los demás instrumentos del poder del dinero deben ser destruidos en la guerra –fría o caliente– que vendrá, como lo fuera Cartago por Roma.


Este nombre de tantas resonancias históricas, sármata en español, es el que se ha utilizado para bautizar el nuevo misil ruso que tiene la capacidad de liberar al mundo del yugo atómico americano. Un país independiente, Rusia, ha conseguido fabricar un arma que deja en ridículo los sistemas de interceptación de la oligarquía atlantista. Es una especie de misil–gato, extremadamente rápido y ágil, de felinos reflejos cibernéticos, que sortea todos los sistemas antimisiles estadounidenses y puede detonar su carga mortífera sobre Nueva York o San Francisco sin que los sistemas de defensa de la OTAN sean capaces de pararlo. Por primera vez desde 1988 se alcanza el necesario equilibrio del terror. Spasiva, Putin!

Ya hay un freno a la agresividad de la plutocracia mundial. Sarmat consagra la independencia de Rusia y la consolidación de un mundo multipolar. La Heartland eurasiática por fin le devuelve los golpes a la talasocracia anglosajona; Roma se recupera frente a Cartago. Este es otro más de los eslabones en la gran cadena aúrea de la recuperación militar y política de Rusia –la última esperanza de la civilizacion cristiana–, que en Siria y Osetia les dejó bien claro a los poderes financieros que no son los amos del mundo y que la Historia no se ha acabado.

Corren por Internet unas estupendas imágenes de Sarmat y ya se han encargado los papagayos de la prensa colaboracionista de piar las consignas de rigor contra esta nueva amenaza de Moscú. La desvergüenza totalitaria de los medios no conoce límites a la hora de atacar a Rusia, el enemigo al que hay que destruir, interpretando con grosería de gacetilleros la sutil doctrina Brzezinski. Como muestra bien vale un botón: ¡hace poco, los sicarios atlantistas tuvieron la desfachatez de presentar como maniobras “agresivas” de la aviación rusa el vuelo rasante de sus cazas sobre un destructor americano ¡en el Báltico! No hace falta ser un experto en Geopolítica para comprender quién está fuera de lugar en esas aguas, quién es el agresor. Política aparte, merece la pena admirar por Youtube la pericia de los pilotos rusos.

Sarmat, afortunadamente, es una buena ducha de gélida realidad para Washington y, sobre todo, para los oligarcas de Bruselas, París y Berlín. Es hora de que empiecen a caer los tinglados y las ficciones, de que las arquitecturas antinacionales de la mentira desaparezcan como los ya inútiles escudos antimisiles. La OTAN, la UE y los demás instrumentos del poder del dinero deben ser destruidos en la guerra –fría o caliente– que vendrá, como lo fuera Cartago por Roma. Sarmat recuerda demasiado a cuando los romanos empezaron a navegar y a fabricar una armada. Los cartagineses, que tenían más dinero y más barcos, acabaron perdiendo porque carecían de los valores viriles y de la capacidad de sufrimiento de los romanos, valoraban su comercio más que su Estado y guerreaban by proxy, con mercenarios galos, númidas y celtíberos. Los cartagineses sacrificaban a sus primogénitos en los hornos de un dios infanticida –Moloch– y odiaban al estamento aristocrático y militar que representaba Aníbal.

¿No nos suena todo esto?

Recordemos: Moscú es la Tercera Roma.

Fuente.

© www.elmanifiesto.com

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