Verdad III

“Satanás tiene una inteligencia destacada, que se expresa en for­ma sutil; una capacidad suprema de disimulo, una habilidad pa­ra introducirse por todas partes –también en miembros y líde­res de la Iglesia– pudiendo incluso hacer creer que no existe. Baudelaire decía: La astucia más fina del Demonio es la de no hacerse creer existente. Efectivamente, uno no se defiende de un enemigo que no existe, y así el demonio trabaja libremente. Para servir a Dios hay que creer en Él, sin embargo, no es nece­sario creer en el demonio para ser su vasallo. Más aún, al ignorarlo, es cuando mejor se le sirve.

Su primera y mayor argucia consiste en lograr que pongamos en duda o neguemos su existencia. El Papa Juan Pablo II decía: No hay que tener miedo de llamar por su nombre al primer ar­tífice del mal: el maligno. La táctica, que usaba y usa, consiste en no revelarse, para que el mal, que él ha introducido desde el principio, sea desarrollado por el hombre mismo, por los siste­mas y las relaciones interhumanas, entre las clases y entre las naciones… … para convertirse también cada vez más en un pe­cado “estructural”, y no dejarse identificar como pecado “per­sonal”. Para que el hombre, por tanto, se sienta en cierto sen­tido “liberado” del pecado y, al mismo tiempo permanezca ca­da vez más en él.

De una breve introducción al libro “Desde el infierno de Ulises al cielo de Pablo” de Pablo de Torreones (Edit. Voz de Papel).

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