Mediocridad en la Universidad española.

Olga R. San Martín

Un Informe sobre la gobernanza del sistema educativo español denuncia que la selección de los altos cargos educativos no cumple con los requisitos de mérito y capacidad. Y advierte que la falta de calidad de la gobernanza corre pareja a la “mediocridad” de los resultados, apuntando a una relación causal entre ambas.

La escuela y la universidad españolas sufren una situación de «estancamiento» y la capacidad de los gobiernos estatal y autonómicos para diseñar, formular e implementar políticas públicas educativas -lo que se conoce por el nombre de gobernanza- se encuentra sumida en una «notable y consistente mediocridad». A estas dos conclusiones ha llegado un estudio que, por primera vez, evalúa desde un punto de vista empírico el nivel de la acción de gobierno de un sistema educativo.

El trabajo La calidad de la gobernanza del sistema educativo español, que ayer presentó la Universidad Camilo José Cela de Madrid, denuncia, entre otras cosas, «la preocupante frecuencia con la que la selección de los altos cargos se ha producido por razones pseudopolíticas, sin que se cumplieran los requisitos imprescindibles de conocimiento y, en algunas ocasiones, de mérito y capacidad». Es una de las razones de que la nota media de la gobernanza educativa española sea sólo de 1,6 puntos en una escala del 0 al 4, una puntuación que describe «una deficiente o muy deficiente calidad».

La investigación está dirigida por el ex presidente del Consejo Escolar del Estado Francisco López Rupérez, que ha desempeñado distintos cargos de responsabilidad durante varios gobiernos del PP, tanto a nivel nacional como autonómico. Ha seguido la metodología Delphi, que consiste en sacar conclusiones tras preguntar con cuestionarios estandarizados a un grupo representativo de 21 expertos compuesto por ex altos cargos de la Administración de distinto signo político, académicos y directores de centros de enseñanza.

El diagnóstico al que llegan es preocupante. Predominan las notas de 0 y 1 y prácticamente nadie otorga calificaciones por encima del 2,5, lo que indica un juicio «predominantemente negativo».

«Mi sensación es que el sistema de gobernanza tiene cosas que están bien y muchos aspectos mejorables. Yo no soy nada catastrofista, pero hay áreas de debilidad», reconoce el rector de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), Alejandro Tiana, uno de los expertos que participan en el estudio.

¿Qué es lo que falla exactamente? Desde gestores que no tienen una visión estratégica de la educación ni gestionan de una forma eficiente los recursos hasta regulaciones que no son apropiadas, pasando por políticos que no tienen en cuenta la evidencia científica a la hora de legislar o no cuentan con los miembros de la comunidad educativa. Hay un total de 88 indicadores de la calidad de gobernanza que aluden, casi siempre de forma negativa, al Estado y a las comunidades autónomas.

¿Por qué está ocurriendo todo esto? Según López Rupérez el estudio indica, «a modo de conjetura basada en la observación de lo que viene sucediendo con frecuencia en la Administración educativa, que el procedimiento de designación de los responsables de las políticas es uno de los factores que podrían estar en la base de la mediocridad».

Un código de conducta para los políticos

La primera recomendación del estudio es, de hecho, que se elabore un código de conducta inviolable en cuanto a los nombramientos de los altos cargos, que permita concretar la aplicación de los principios constitucionales de mérito y capacidad.

«La política de nombramientos deja mucho que desear. Da la impresión de que cuanto menos relación haya entre el candidato y el puesto, mejor», admite Xavier Gisbert, que fue director general de Evaluación y Cooperación Territorial del Ministerio de Educación y embajador educativo de España en EEUU y Canadá durante la época de José Ignacio Wert.

Gisbert, uno de los 21 expertos que ha participado en el trabajo, da un «muy deficiente» al modelo de gobernanza de Wert, en la línea de lo que se reconoce en privado en las filas del PP. Añade que la Lomce «ha contribuido a la consolidación de 17 sistemas educativos diferentes y a una preocupante disminución de la cohesión social». La Lomce es puesta por López Rupérez y otros expertos como ejemplo de mala gobernanza educativa.

El trabajo advierte que la «mediocridad» de la gobernanza corre pareja a la «mediocridad» de los resultados obtenidos por los alumnos. Y apunta a una posible relación causal entre ambas.

El Mundo

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