Pactos contra la Violencia de cualquier Género.

Está claro que la violencia, cualquier tipo de violencia, sea de “género”, “machista”, “intra familiar”, “filo parental” o de cualquier manera que la queramos calificar, no se puede afrontar para su disminución y/o erradicación de la sociedad, si no se llega a un acuerdo general sobre cual es su naturaleza, origen y la/s causa/s que la estimulan.

La VIOLENCIA es parte de la Naturaleza y por ende de la Naturaleza humana. Existe violencia tras una negación verbal; una palabra ofensiva; un desplante; una maniobra o conjunto de conductas tendentes a manipular una conducta deseada; un deseo desmedido de cualquier objeto o apetito, etc.

La VIOLENCIA ha sido abordada por filósofos, sociólogos, políticos, psicólogos y científicos de muchas otras ramas del saber. Y lo que ha quedado claro en la Historia general de la Humanidad, es que ésta nunca ha sido erradicada o disminuida en modo alguno. Solo se transforma, como la energía.

Tratar de hacer disminuir la violencia desde las instancias políticas (como la violencia del hambre y las desigualdades sociales por parte del Comunismo, en su momento) han resultado siempre generadoras de nuevos conflictos y violencias derivadas.

En cambio, cuando desde el interior de cada ser humano, se aborda la desaparición de los impulsos que generan violencia, y no solo hablo de los impulsos agresivos, entonces se inician dinámicas intangibles que la minimizan al máximo. Por ejemplo la “caritas” cristiana o el amor cristiano del amor al enemigo (imposible de alcanzar desde el esfuerzo simplemente humano) es el OBJETIVO final de la práctica cristiana de todos los siglos que más esfuerzo ha dedicado a erradicar la violencia y la pobreza en el mundo.

Y, sin embargo, aquí seguimos, empeñados en erradicar la VIOLENCIA, especialmente la llamada de “género” para especificar que queremos evitar que 30 o 50 hombres al año maten a sus esposas o compañeras de vida, mientras que las parejas de homosexuales o lesbianas (por ejemplo) se siguen matando o maltratando entre si, con una violencia aún mayor que la denominada de género o machista. O seguimos fabricando armas para “defendernos del enemigo” imaginario.

Y además queremos que desaparezca a través PACTOS de ESTADO, como si fueran los Pactos de la Moncloa, que todos acataremos “políticamente” para mayor gloria de no se sabe muy bien quién.

El que quiera erradicar la Violencia, de cualquier clase y género, debe primero mirarse a sí mismo y tratar de evitarla, en conciencia y en la mayor medida y esfuerzo personal posible; poniendo al alcance de sus semejantes el mayor número de Conocimientos y herramientas que permitan predecirla, evitarla o contraponerla desde la legalidad. Pero sobre todo desde la Moral y la Ética, únicas herramientas y pactos de verdad que cada hombre o mujer puede hacer consigo mismo y con la sociedad que le rodea.

José María Sánchez.

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