Francia: ganan los «Bobos»

Ha ganado el candidato de los bohemios burgueses, los “bobos”, tremendamente de izquierdas en lo verbal, encantadoramente liberales en lo económico.

Todo ha seguido el guion previsto. Ha ganado Macron con un sobrado 66%, aunque esta cifra tan abultada enmascare muchas debilidades. Ha ganado el candidato de los bohemios burgueses, los “bobos”, los pijos progres, tremendamente de izquierdas en lo verbal, encantadoramente liberales en lo económico, excepto si obtienen sus elevados ingresos en sectores como los culturales, muy vinculados a la regulación y ayudas estatales. Un “bobo” puede ser un asesor financiero o un promotor cultural, y a ambos les une un mismo estilo de vida. Como decía uno de ellos refiriéndose a Macron “al fin hemos podido votar a alguien de derechas en lo económico, y de izquierdas en lo social”. Pero, atención, que aquí el concepto de “social” es equívoco. No se refiere a la justicia, sino a la mentalidad moral. De izquierdas en este caso quiere decir cosmopolitas, consumidores de productos ecológicos, partidarios del transhumanismo que consideran que el matrimonio homosexual, la manipulación genética, los vientres de alquiler y el aborto a la carta, constituyen grandes conquistas de la humanidad. Este es el núcleo duro de Macron, el 25% de la población. Personas de buenos ingresos –París Centro le ha votado en masa- y titulaciones superiores, que ven el mundo como una aldea global, que conocen mejor Londres y New York, que Albi o Perpiñán, y que sienten un notable desapego cuando no desprecio por sus conciudadanos, de las Francias de provincias, la católica o la insumisa.

En realidad, invocando el antifascismo han evitado el diagnóstico del problema: ¿Por qué Le Pen consigue que la voten uno de cada tres franceses y su partido sea el primero de Francia? ¿Desde cuándo la cuna de la República Francesa se ha vuelto tan “fascista”? Mejor todavía: ¿Por qué?

Seamos francos, Macron ha ganado porque previamente los medios de comunicación con la ayuda fiscal se encargaron de liquidarse al realmente favorito, Fillon, por un pecado legal que cometió junto con otros muchos diputados: contratar a un familiar, bajo la presunta acusación de que ese familiar -su mujer- no trabajaba. Y aquí la pregunta de la campaña de publicidad de una conocida aseguradora es obligada “¿por qué a mí?”. Eso y el que su adversario fuera Marie Lepen.

La jugada maestra estaba consumada: Macron era el presidente de Francia a partir de la liquidación de Fillon.

En este nuevo mundo francés nada es lo que era, como tampoco lo es aquí. Los tres grandes grupos sociales, burgueses, menestrales y obreros, cada uno de ellos portadores de una determinada visión del mundo, es decir, poseedores de un marco de referencia colectivo que permitían unos acuerdos fundamentales, han sido sustituidos, primero por una estratificación un tanto simple, sobre todo, referida a los ingresos: clase alta, media -la más abundante- y baja, pero esto a su vez ha evolucionado, se ha atomizado en conjuntos de hiperindividualismo y hoy el mapa social es otro. En la cúspide se encuentra lo que Emmanuel Todd califica como oligarquía de masas, aquel conjunto de población de estudios superiores, buenos ingresos y visión cosmopolitita y progre; la élite. La población low cost, una clase media apañada que simula una vida que se asemeja a la élite, pero que en realidad funciona como una masificación proletaria, y quien haya estado en un aeropuerto grande especializado en vuelos de este tipo, como la Terminal 2 del aeropuerto de Barcelona, tendrá una vivida imagen de a lo que nos referimos, el precariado y los marginales.

Macron es presidente.  Para quien gobernará está bastante claro, excepto para los que quieren engañarse. Ahora, lo decisivo será con quién puede hacerlo, porque de entrada se perfila una presidencia débil, todo lo contrario a lo que quería la reforma de la V República realizada por De Gaulle. De ahí a una futura crisis institucional hay un paso, y haría bien la UE, si es que son capaces, de no ver cerrada la crisis, sino simplemente camuflada.  Todo depende ahora de con quién podrá cohabitar el futuro gobierno, y de si viniendo de la elite cosmopolita sabe gobernar para la mayoría.

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