Transexualidad, qué es.

6 ideas claras sobre los cambios de sexo desde la bioética católica.

El Centro Nacional Católico de Bioética de Estados Unidos, con sede en Filadelfia (www.ncbcenter.org) trabaja en la frontera de la ciencia, la medicina, la ética y la filosofía con base en la ley natural desde 1972. Estas son sus 6 ideas clave (FAQ) sobre el “desorden de identidad de género” y las llamadas “operaciones de cambio de sexo”.

1. ¿Cuál es el tema?
Las operaciones de cambio de sexo no son necesariamente nuevas. La primera ocurrió en 1953 (Christine Jorgensen). Pero más y más personas las solicitan ahora. Esto ha obligado a las instituciones cristianas y católicas a estudiar la moralidad de las operaciones de cambio de sexo, ya que pueden ser parte obligatoria de la cobertura de seguros, o del empleo en escuelas católicas o de mandatos legislativos que pidan estos procedimientos a hospitales católicos.

2. ¿Qué es una operación de cambio de sexo?
Una operación típica de cambio de sexo tiene dos partes. Primero, a la persona se le somete a unas pruebas psicológicas más bien extensas. Después se le aplica un régimen de hormonas, y después se le hace una cirugía en la que los genitales originales se le extirpan y se sustituyen con los genitales deseados. En una cirugía de hombre a mujer, al hombre se le extirpa el pene y los testículos y en su lugar se construye una vagina. En el caso de una cirugía de mujer a hombre, a la mujer se le hace una histerectomía y una mastectomía y se le construye y anexiona un pene que no es funcional.

Las operaciones de cambio de sexo dejan a la persona estéril. Se sigue además con el régimen de hormonas para mantener sus características sexuales secundarias: voz más grave o aguda, presencia o ausencia de pelo facial, etc…

Una operación de cambio de sexo no debe confundirse con ciertos procedimientos que se hacen a personas sexualmente ambiguas, por ejemplo, a las que sufren hiperplasia adrenal congénita (una variante de la cual es el síndrome de insensibilidad andrógena), o las que sufren mosaicismo, quimerismo u otra causa congénita de identidad sexual mixta. Estos desórdenes presentan una identidad sexual ambigua y ciertas operaciones hechas para confirmar a una persona en el sexo “dominante” buscan corregir una condición patológica. Estas operaciones no deberían verse como “cambiar” el sexo de una persona, sino confirmar lo que era originariamente ambiguo.

3. ¿Qué tiene de inmoral una operación de cambio de sexo?
Hablando propiamente, una persona no puede cambiar su identidad sexual. Para las personas que no sufren los desórdenes que hemos comentado (por ejemplo, hermafroditismo), una persona es varón o hembra. Una persona en la unidad de cuerpo y alma, y el ‘alma’ no debe entenderse como un yo inmaterial, sino como lo que hace que el cuerpo sea una persona humana. Somos personas masculinas o femeninas y nada puede cambiar eso. Una persona puede mutilar sus genitales pero no podrá cambiar su sexo. Cambiarse el sexo es fudnamentalmente imposible: estos procedimientos son básicamente actos de mutilación.

La mutilación implica que la persona queda impotente y estéril y dependiente el resto de la vida de un régimen hormonal que le hace parecer lo que no es. No hay nada erróneo en los genitales de esas personas, pero los quitan para seguir la creencia subjetiva de la persona de lo que quiere ser.

Hacerle violencia al cuerpo cuando éste no tiene nada mal es una mutilación injustificable. Buscar una mutilación así manifiesta un auto-odio inconsistente con la caridad que nos debemos a nosotros mismos. Las personas que buscan tales operaciones están claramente incómodas con quienes son realmente. Amar a estas personas adecuadamente requiere atender las creencias y la visión de uno mismo que dan origen a este rechazo fundamental contra si mismas.

4. ¿No es “fisicalista” decir que cambiar la biología de uno mismo es inmoral?
Hay que tener en cuenta dos aclaraciones. Primera: uno no puede cambiar su sexo. Una persona puede cambiarse los genitales pero no el sexo. Recibir hormonas del sexo opuesto y quitarse los genitales no es suficiente para cambiarse el sexo. La identidad sexual no se reduce a los niveles hormonales o a los genitales, sino que es un hecho objetivo enraizado en la naturaleza específica de la persona.

Segunda, lo que hace inmoral a las operaciones de cambio de sexo es que el cuerpo de esa persona se mutila. No debemos respetar más el deseo de una persona que quiera ser un cyborg cortándose extremidades y sustituyéndolas por prótesis que el de una persona que quiere convertirse en alguien del sexo opuesto cortando y reformando sus genitales

5. ¿Cuál es la diferencia entre sexo y género?
La identidad sexual no es un constructo social sino un hecho objetivo enraizado en nuestra naturaleza como personas masculinas o femeninas. El hecho más obvio sobre nosotros es que somos o varón o mujer.

Por supuesto hay una distinción importante que hay que hacer respecto al género y la identidad sexual. La identidad sexual se refiere a la propiedad de ser varón o mujer. Se refiere al sexo específico de la persona humana. Ser hombre o mujer es una propiedad esencial de lo que somos como personas. Por ejemplo, un hombre no puede gestar ni llevar en su interior niños. No tienen esa potencialidad: las mujeres sí. Así, ser uno u otra, es esencial a lo que somos.

Por otra parte, el “género” se refiere a ciertas disposiciones emocionales o rasgos característicos de la feminidad o la masculinidad. La feminidad y la masculinidad son términos de género y se refieren a rasgos específicos.

Un hombre puede tener características como-de-mujer. De hecho, los psicoterapeutas varones tienen muchas características femeninas como: escuchar, nutrir y parecidas. Pero siguen siendo varones.

Las mujeres policía y el personal militar femenino tiene muchas características como-de-varón, pero siguen siendo mujeres.

Así que aunque no hay nada intrínsecamente equivocado con intentar adquirir ciertas características o rasgos accesibles a cualquier humano, está mal mutilar el cuerpo de uno puesto que la identidad sexual no puede cambiarse. Buscar tal operación manifiesta disgusto y falta de respeto a lo que uno fundamentalmente es.

6 – ¿Esta posición no pone demasiado énfasis en el cuerpo y no en la mente?

Por ejemplo, ¿y lo que piensa o siente la persona? Algunos dicen que si la mente con encaja con el cuerpo ¿por qué seguir al cuerpo? ¿Por qué dejar que el cuerpo sea quien dicte la sexualidad, y no la mente?
Esas preguntas son importantes y nos llevan al corazón del asunto. Se da por garantizado y está bien aceptado que el ‘yo’ de una persona –la constelación de creencias, deseos, disposiciones emocionales y rasgos de personalidad- constituyen la auto-imagen y la auto-comprensión de uno mismo. Pero hay que admitir que no todas nuestras creencias, deseos y auto-comprensiones se conforman según la verdad.

Nuestras capacidades de razonamiento, memoria y sensaciones básicas como la percepción visual pueden estar equivocadas y darnos falsas creencias. La respuesta que tomamos en esos casos es corregir las creencias equivocadas. Cuando nuestro yo entiende algo erróneo sobre nosotros, debemos corregirlo, no autorizarlo.

Por responder las preguntas más directamente: los que mantienen esa posición asumen un dualismo entre mente y cuerpo. Propiamente, las personas o son hombres o son mujeres. El cuerpo de la persona es una indicación fundamental de a qué sexo pertenecemos. Es una realidad física verificable empíricamente que no cambiará solo porque lo deseen nuestras creencias. Una vez se rechaza el dualismo en esta pregunta, y uno reconoce que nuestro sexo lo indica nuestro cuerpo, podemos ver que la identidad sexual es un hecho objetivo, discernible con accesibilidad, acerca de nosotros. Como dicen algunos filósofos, somos cuerpos.

Equipo de expertos y personal del National Catholic Bioethics Center.

(Publicado por el National Catholic Bioethics Center, traducido al español por ReligionEnLibertad por su interés; ReL no necesariamente asume todas estas formulaciones ni necesariamente con este lenguaje. El Centro Nacional Católico de Bioética de Filadelfia fue fundado en 1972 para reflexionar sobre los avances bioéticos y promover y salvaguardar la dignidad de la persona humana en las ciencias de la vida. Es consultado regularmente por la Congregación para la Doctrina de la Fe, la Academia Pontificia de la Vida y el Consejo Pontificio para Trabajadores del Cuidado de la Salud. El Centro publica dos revistas (“Ethics and Medics” y “The National Catholic Bioethics Quarterly”) y por lo menos un libro por año sobre temas como el suicidio médicamente-asistido, el aborto, la clonación, y la investigación con células madre embriónicas).

Fuente

UN CASO REAL

La primera persona autorizada por el Supremo a un cambio de sexo critica al lobby gay y apoya el bus

Alfonso Basallo, en el digital Actuall, entrevista a Charlotte Goiar (Vigo, 1972), la primera persona en España a la que el Tribunal Supremo autorizó un cambio de sexo. Se presenta como un caso muy especial, distinto a la transexualidad como ideología, una persona que sufre el llamado “síndrome de Harry Benjamin”, un trastorno genético que establece que su anatomía tenga genitales masculinos pese a una neurología femenina. Charlotte (es el nombre que usa en Internet y con la prensa) explicaba hace 5 años en El País que ha demostrado con seis informes médicos que sufre este “síndrome de intersexualidad patológico”, que no es simple “transexualismo”, término que recoge bien la situación de este síndrome.

Como otras personas en casos similares, ha sufrido acoso, burlas e insultos en su infancia y el colegio. Sus dos hermanos varones le decían “vete de casa, maricón”, estuvo más de 20 años con antidepresivos, e incluso llegó a pensar en suicidarse. Se operó a los 43 años, en 2015, después que el Tribunal Supremo lo autorizase.

Charlotte, en cuyo DNI figura ahora Sexo: F, no se siente ofendida por el autobús de HazteOir.org y su mensaje: “Los niños tienen pene, las niñas tienen vagina, que no te engañen”. Por la sencilla razón de que “eso es lo normal, lo anormal sería al revés” afirma refiriéndose a la campaña que el lobby transexual Chrysallis lanzó en el País Vasco y Navarra, con el mensaje “hay niñas con pene y niños con vulva”. Charlotte distingue entre la ciencia real y la ideología de género de los lobbies LGTB, los cuales manipulan y usan como excusa a las personas con trastornos genéticos de tipo intersexual.

– Usted no se siente ofendida por el autobús que dice “los niños tienen pene y las niñas tienen vulva”.
– No, porque eso es lo normal. Lo anormal sería decir lo contrario.

– Es decir, la publicidad de los niños transexuales de País Vasco y Navarra.
– Efectivamente eso es lo anormal.

– Anormal ¿por qué? ¿porque es la excepción, porque numéricamente es irrelevante?
– Porque no llega al 1% de la población. Y los niños con pene y las niñas con vulva son el 99%, es decir casi toda la población. Y, si tenemos en cuenta que quienes sufren estos síndromes congénitos terminan adecuando físicamente su sexo a la normalidad, nos acercamos al 100% de la población.

-Entonces usted no cree que decir eso pueda ser delito de odio.
– Lo único que hace el autobús de HazteOir.org es manifestar una realidad anatómica, física, médica, una realidad biológica y científica del 99% de la población, es decir, casi toda la población. Pero es que además, para un niño con síndrome de Harry Benjamin lo normal es tener pene, así como vulva para una niña, por ello sufren por carecer de sus propios órganos genitales que corresponden a su sexo sentido. Y además la Constitución Española garantiza la libertad de expresión en cuanto a ideología, religión, etc., por lo que no entiendo a qué viene tanta condena por parte de todos hacia esto, cuando es lo normal.

-Usted misma es una de esos casos rarísimos de Incongruencia de Género.
-Así es. Tengo el síndrome de Harry Benjamin (por el médico Harry Benjamin), y está reconocido como una enfermedad rara por la Organización Mundial de la Salud desde los años 60. Se debe a la alteración de un gen en el feto en la primera fase de la gestación cuando se produce la diferenciación sexual. Y es muy excepcional se da únicamente en 1/30.000 bebés con genotipo XY y en 1/100.000 bebés con genotipo XX, en la cual la diferenciación sexual a niveles neurológico y anatómico no se corresponden. Así, una niña nacida con esta condición, parece ser un niño al nacer, su sexo cerebral es femenino pero su anatomía externa es masculina -genitales masculinos-.

– ¿Usted nació con genitales masculinos?
– Pero muy pequeños, con hipogonadismo, con deficiencia de hormonas masculinas. Durante la infancia viví como un niño pero me sentía niña y hasta los 16 años no se lo confesé a mi madre.

– ¿Cómo se lo tomó?
– Me aceptó, aunque le costó. Me apoyó siempre. Entonces acudí al endocrino y me diagnosticó el síndrome y a los 17 comencé a vestir con ropa de chica. Tomaba estrógenos (femeninos) y antiandrógenos (contra la hormona masculina)… pero no me operé para la reasignación de sexo hasta los 42 años, en 2015.

– ¿Por qué tardó tanto?
– Porque hasta 2007, la legislación prohibía que el Ministerio cubriese las operaciones de reasignación genital. Hasta el año 2013 el Tribunal Supremo no me reconoció el derecho para operarme con cargo a la sanidad pública. Obligó a la Xunta de Galicia a la intervención. He tenido una larga batalla judicial para conseguir que me reconociesen como mujer.

– ¿Se siente mejor?
– Mucho más aliviada, aunque un cambio de sexo no es como tomarse una coca-cola, como nos quiere hacer ver el lobby LGTB. Es un fardo psicológico, tremendo que has sufrido durante muchos años, y lógicamente requiere de un tiempo de cuidado psicológico y físico posterior a la cirugía para poder recuperarte plenamente.

– ¿Se considera transexual?
– Prefiero no ser definida como transexual, sino como mujer. Eso es lo que figura en mi DNI. Creo que transexual es una etiqueta ambigua y politizada por el lobby LGTB. Sólo hay dos posibilidades en la biología humana demostradas científicamente: hombre o mujer, no hay término medio, ni cinco mil identidades sexuales más como quieren hacernos creer.

-¿Quiere decir que la etiqueta ‘transexual’ tiene algo de arma política?
-Creo que el lobby LGTB se aprovecha de ello para imponer sus postulados. A mí ninguna asociación LGTB me ha ayudado en mi lucha por cambiarme de sexo y en mi problema personal. Únicamente lo han hecho mujeres, como yo.

– Si no le entiendo mal, vd. distingue entre gente que tiene trastornos de identidad sexual, que son minoría, y otros que no son auténticos transexuales, por una moda política y cultural de la Ideología de Género ¿Es así?
– Efectivamente. Hay una minoría de la población que padecemos ese tipo de trastornos (menos del 1% de la población). Y luego están los homosexualistas, las asociaciones de gays, lesbianas y trans, que acaparan subvenciones, y hacen política y quieren imponer sus postulados a la sociedad. No es lo mismo.

»Se puede afirmar que la vasta mayoría de personas que se autodefinen a sí mismas como “transexuales” no padecen Transexualismo (Trastorno de Identidad de Género). Pero los LGTB han logrado manipular el término transexual y ampliarlo, usándolo sin rigor científico. Dentro de esta definición de “transexual” se incluyen ahora personas travestis, transgéneros, bigéneros, andróginos, “free spirit”, trigéneros, y un largo etcétera de individuos con la más diversa expresión de género -no confundir con identidad de género-. Los mayores perjudicados de esta maniobra política de los LGTB son las personas enfermas con Trastorno de Identidad de Género pues el tratamiento digno de su patología se ve frivolizado por leyes LGTB que descentralizan la atención especializada ya organizada para atender estos casos.

-¿Cree que a los LGTB no les interesa la suerte de los enfermos de Trastorno de Identidad de Género?
– El interés que tienen por esos pacientes es prácticamente nulo, porque lo que a la Ideología de Género le interesa es destruir el esquema binario (varón y mujer).

-O sea que les manipulan…
-Claro. Lo de los LGTB es ideología, moda… Los enfermos de Trastornos de Desarrollo Sexual no somos una moda, ni una ideología, ni una elección. Y esos síndromes son raros, no son la norma.

-¿Es usted partidaria del matrimonio homosexual?
-Yo personalmente soy partidaria de que existan uniones de hecho, pero que no llamen matrimonio, porque sólo es entre un hombre y una mujer. Y así lo dice la Constitución española.

-¿Y de que los homosexuales puedan adoptar hijos?
-Todo niño tiene derecho a un padre y a una madre.

– Sin embargo en las aulas ya están impartiendo a los escolares contenidos LGTB.
– Eso me parece un adoctrinamiento forzado del que naturalmente estoy totalmente en desacuerdo.

-¿Por qué exactamente?
– Porque la Ideología de Género no es ciencia, es ideología, carece de fundamento ni base científica alguna, está fuera de toda realidad. Y porque se impone por la fuerza, es inconstitucional. No entiendo cómo se permite esto en los colegios, es un horror.

– De eso está informando HazteOir.org a los padres con el libro ¿Sabes lo que quieren enseñarle a tu hijo en el colegio? 
– Me parece muy bien y muy necesario pues la situación es gravísima con lo que pretenden imponer en el programa educativo. Los padres tienen derecho, el deber y la consciencia de elegir la educación de sus hijos y a que no les adoctrinen con dogmas políticos del lobby homosexual.

Una cosa son los trastornos de desarrollo sexual, que estudia la ciencia y afectan a unos pocos pacientes, y otra la ideología de género con sus infinitos “géneros”, como ironizó este eurodiputado alemán.

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