Alain de Benoist: a propósito de Donald Trump.

Alain de Benoist, importante escritor de la Nouvelle Droite, accedió a responder extensamente en exclusiva para Breizh-info.com, sobre la elección de Donald Trump al frente de los Estados Unidos.

Breizh-info.com: ¿Cuál es su sensación tras el anuncio de la elección de Donald Trump?

Alain de Benoist: 9 Noviembre 1989: caída del muro de Berlín; 9 de noviembre de 2016: elección de Donald Trump. En ambos casos, el fin de un mundo. Nuestro último Premio Nobel de Literatura, Bob Dylan, se reveló finalmente como un buen profeta: The times they are a-changin’! [¡Los tiempos están cambiando!]. Es en todo caso un acontecimiento histórico el que acabamos de presenciar. Durante décadas, la elección presidencial de Estados Unidos se presentaba como un duelo entre dos candidatos del establishment.Este año, por primera vez, es un candidato anti-sistema el que se presentaba, y fue él quien ganó. “A pesar de sus excesos”, dijo un periodista. ¡Más bien a causa de ellos, habría habido que decir, ya que el electorado de Trump no podía más con la corrección política!

De hecho, en esta elección, no es el personaje de Trump lo que es importante. Es el fenómeno Trump. Este fenómeno, al igual que el Brexit de hace cinco meses, pero con una fuerza aún mayor, ilustra de modo espectacular el irresistible empuje del populismo en el mundo. Natacha Polony ha dicho, con razón, que este fenómeno “es sólo la traducción de un movimiento de fondo que quebranta todas las sociedades occidentales: la revuelta de las pequeñas clases medias desestabilizadas en su identidad por el mar de fondo de una mundialización que ya se había llevado a las clases trabajadoras”. El hecho dominante, en la actualidad, es en efecto la creciente desconfianza que manifiestan los pueblos con respecto a las élite políticas, económicas, financieras y mediáticas. Los que votaron por Trump votaron primero contra un sistema del que Hillary Clinton, símbolo algo decrépito de la corrupción institucionalizada, daba una representación ejemplar. Votaron en contra del “remanso de Washington”, en contra de la corrección política, en contra de George Soros y Goldman Sachs, en contra de la morgue de los políticos de carrera que buscan confiscar la democracia para su propio beneficio, en contra del show business que los Clinton llamaron a su rescate. Es esta oleada de ira que se reveló irresistible.

BI: Más allá de la victoria, la diferencia de voto es considerable. ¿Cómo se explica? ¿Se trata del último impulso de los blancos y de los indios de América, amenazados demográficamente por los negros y los latinos?

AdB: En los EE.UU., el voto popular es una cosa, y el de los electores (el “colegio electoral”) es otra. Lo más extraordinario, y lo más inesperado, es que Trump también ha prevalecido entre los grandes electores. Por supuesto, se puede estimar que sobre todo hizo pleno en la clase trabajadora blanca, donde un cierto número de votos fueron antes para Bernie Sanders (en este sentido, el voto en su favor es también un voto de clase).

Pero tan interesante como pueda ser, un análisis de los votos en términos étnicos sería bastante reduccionista. Los análisis que no dejarán de aparecer en las próximas semanas mostrarán que Trump también obtuvo votos de los latinos (los “Trumpistas”), e incluso entre los negros. La brecha real está en otro lugar. Se encuentra entre aquellos que consideran Norteamérica como un país poblado por personas que se definen primero como estadounidenses, y los que ven allí sólo un campo político segmentado en categorías y en grupos de presión totalmente deseosos de hacer prevalecer sus intereses particulares a expensas de otros. Hillary Clinton se dirigía a los segundos, Trump a los primeros.

BI: La línea política de Donald Trump podría ser descrita groseramente como bastante liberal dentro de las fronteras y más bien proteccionista hacia el exterior. ¿Esto le parece interesante? ¿No es este liberalismo “interior” lo que le falta al Frente Nacional para tener éxito en Francia?

AdB: La situación de los dos países no es comparable, y la forma que puede (o debe) tomar el populismo no lo es tampoco. En los Estados Unidos, el resentimiento anti-establishment es inseparable de la idea propia de los estadounidenses de que el mejor gobierno es siempre el que gobierna menos. Esta aspiración liberal de “siempre menos Estado” es parte del ADN estadounidense, no del de los franceses que, en la crisis actual, demandan por el contrario más protección que nunca. Contrariamente a lo que dice, el Frente Nacional, en mi opinión, tendría por lo tanto todo el interés en endurecer aún más su crítica del liberalismo.

En cuanto a apoyar liberalismo “en el interior” y “proteccionismo” en el exterior, me parece depender de la contorsión. No hay de un lado un liberalismo que dice una cosa y del otro un liberalismo que diga lo contrario. Del hecho mismo de sus postulados fundadores, el liberalismo implica tanto el libre cambismo como la libre circulación de personas y de capitales. Podemos, desde luego, derogar esta regla, pero entonces salimos del juego liberal. Está claro que con Donald Trump, los EE.UU. no van a dejar de ser una de las ruedas motrices del sistema capitalista en lo que tiene de más brutalmente depredador. Aunque no sea una figura de Wall Street, Trump también se corresponde bastante bien a sí mismo con la imagen de un capitalismo desenfrenado.

BI: El FN se felicita de la victoria de Trump. La derecha francesa parece destrozada. ¿Quién va a cosechar los beneficios aquí?

AdB: No mucha gente, probablemente. Marine Le Pen fue la primera (con Putin) en felicitar a Trump, y esto es natural. Lo que es más bien cómico es ver a todos los políticos, de derecha e izquierda, que se habían regocijado ruidosamente de antemano por una victoria de Clinton que les parecía tan “evidente”, tener que amanecer poniendo buena cara a Donald Trump, acogerlo entre ellos en las cumbres internacionales, recibirlo sin duda un día en el Elíseo, después de haber vertido sobre él montones de insultos y de desprecio.

La clase dirigente es la imagen de los maestros del circo mediático. La elección de Trump es tan “incomprensible” para ellos como lo pudo ser el Brexit en junio, el “no” de los franceses en el referéndum de 2005, el ascenso del FN, etc. Les es incomprensible porque para que pudieran comprenderlo tendrían que ponerse en tela de juicio de manera suicida. Es por eso que no encuentran nada más que hacer que recitar sus mantras sobre el “discurso de odio”, la “demagogia” y la “ignorancia” en las que se complacería el pueblo. Sus instrumentos conceptuales están obsoletos. No quieren ver la realidad, que la gente no puede más con una democracia representativa que no representa nada más, y con una expertocracia que ignora sistemáticamente los problemas a los que se enfrentan en su vida cotidiana. Lenin dijo que las revoluciones se producen cuando la base no quiere más y la cabeza no puede más. Pero las élites establecidas son incapaces de darse cuenta de ello, así como de que el suelo cede bajo sus pies. Escúchelos tratar de “explicar” lo que acaba de ocurrir. Vea sus caras descompuestas, agarrotadas. Después de haber dado ganadora a Clinton hasta el último minuto, no quieren por nada del mundo identificar las causas de sus errores. No comprenden nada de nada. Esta gente es incorregible.

BI: Marine Le Pen, ¿no toma ninguna lección, ella que habla de la “Francia apaciguada” con un discurso muy moderado allí donde Trump ha jugado la carta agresiva y determinada?

AdB: Es un error creer que lo que funcionó bien en el contexto particular de un país va a funcionar automáticamente en otro. Trump, el “payaso multimillonario”, durante su campaña ha tenido un discurso de una violencia apabullante, que sería impensable en Francia. La determinación, por otra parte, no significa necesariamente agresividad. La consigna de “la Francia apaciguada” se justificaba muy bien hace unos meses. No se le habrá escapado que, al acercarse las elecciones, la dirección del FN la ha abandonado.

BI: La candidatura de Donald Trump ha sido impulsada particularmente por la Alt-Right y un ejército de jóvenes activistas virtuales que utilizaron plenamente los montajes de vídeo, fotografías o caricaturas para apoyar a Donald Trump con humor. ¿Es este el fin de la militancia tradicional? ¿Es este el comienzo de una nueva era, la del activismo digital y el uso del humor?

AdB: Es evidente que Internet y las redes sociales juegan ahora un papel decisivo en la vida política, pero los partidarios de Trump no son los únicos que las han utilizado. Los partidarios de Hillary Clinton tampoco se quedaron atrás. Pero si hablamos de “activismo digital”, son sobre todo las revelaciones de Wikileaks las que hay que considerar. Tuvieron, como es sabido, un papel decisivo en la campaña electoral estadounidense. Junto a Donald Trump, el gran vencedor del escrutinio se llama Julian Assange.

BI: ¿Qué consecuencias espera en Europa? ¿Y en el mundo?

AdB: Hay muchas razones para pensar que las consecuencias serán tan numerosas como considerables, pero es demasiado pronto para especular sobre eso. Tanto como Hillary Clinton era previsible (con ella, la guerra con Rusia era casi segura), las intenciones de Donald Trump siguen siendo relativamente opacas. Deducir las grandes líneas de lo que será su política en la Casa Blanca de sus declaraciones de campaña más atronadoras sería por lo menos audaz, si no ingenuo. Trump no es un ideólogo, sino un pragmático. Tampoco hay que olvidar (el paralelo entre Francia y los Estados Unidos es muy engañoso aquí) que el Presidente de los Estados Unidos, atrapado como está entre el Congreso y la Corte suprema, está lejos de tener todo los poderes que se le atribuyen a este lado del Atlántico. Más aún cuando el complejo militar-industrial todavía está en su sitio.

Pienso por otro lado que los “trumpistas” europeos no tendrán forzosamente sólo buenas sorpresas. Que Donald Trump se preocupe prioritariamente de los intereses de su país es completamente normal, pero de esto no se sigue que eso favorezca o se una a los nuestros. “American first”, también significa que ¡Europa muy por detrás! Después de décadas de intervencionismo sin cuartel y de imperialismo neocon, el retorno a un cierto aislacionismo sería una buena cosa, pero también puede tener su lado negativo. ¡No olvidemos que ningún gobierno norteamericano, intervencionista o aislacionista, ha sido nunca pro-europeo!

Entrevistado por Yann Vallerie.

Breizh-info.

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